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Gobierno ilegítimo

Jueves 05 agosto, 2010


Mauro Zúñiga Araúz
La Prensa , Panamá 
 
El licenciado Ricardo Martinelli Berrocal llegó a la Presidencia de la República con una cantidad abrumadora de votos, producto de una exitosa y millonaria campaña publicitaria; pero la gente no votó por él, un político poco conocido, sino por sus promesas de cambios. Dijo con firmeza que iba a acabar con la forma del gobernar de los dos colectivos políticos tradicionales, el PRD y el Panameñismo, a pesar de haber ocupado puestos de importancia en ambos.
 
En efecto, Martinelli Berrocal empezó con sus cambios desde el inicio de su periodo. Destituyó a la procuradora Ana Matilde Gómez, a través de un proceso que hizo recordar los operativos de los militares. Colocó en su puesto a una persona que no sabe decirle no. Nombró a algunos magistrados de la Corte Suprema de Justicia incumpliendo un compromiso de Estado de escogerlos de una lista que le presentaría organismos de la sociedad civil.
 
Durante su campaña anunció que “Ahora le toca al pueblo” y la gente entendió que eso significaba un mayor espacio de participación y un programa de gobierno que estaba destinado a disminuir la pobreza y la iniquidad socioeconómica, como lo prometió el candidato. Criticó los impuestos “saca plata” y no había cumplido el año en el ejercicio del poder cuando se aprobó aumentar el ITBM a 7%. Un impuesto que tienen que pagar desde los multimillonarios hasta los que apenas le alcanza el dinero para comer y si comen no pueden desalojar los intestinos porque el papel higiénico está gravado. Es un impuesto para la estitiquez.
 
Vimos que desde muy temprano se enfrentó a la sociedad civil y negó cualquier diálogo serio y constructivo. Un día hizo un simulacro de reunión ciudadana, se tomó nota de los reclamos y al final las echó al cesto de la basura. Prometió tolerancia y enseguida se aprobó una ley para reprimir a los que protestan, cuando nuestra historia nos ha enseñado que la única vía que tiene la gente para ser escuchada es a través de esas prácticas, que nadie aplaude, pero que se utilizan cuando las gargantas se quedan afónicas.