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Guatemala: un pueblo sumergido en el conformismo

Lunes 28 noviembre, 2011


Eduardo Villatoro
La Hora, Guatemala

El ambientalista australiano Paul Gilding, autor del libro The Great Disruption (El Gran Desbaratamiento), al referirse a los movimientos de protesta que se están registrando en distintas regiones del mundo y que se inició en España con el nombre de Los Indignados, sostiene que estas manifestaciones son una señal de que el sistema capitalista, obsesionado con el crecimiento, está llegando a sus límites financieros y ecológicos.

Gilding es citado por Thomas L. Friedman, columnista de The New York Times, Premio Pulitzer 2002, quien subraya que el australiano considera que “Lo que tenemos ahora es la madre de todas las promesas rotas. Los ricos se están volviendo más ricos y las corporaciones están registrando ganancias, al tiempo que sus ejecutivos reciben cuantiosas recompensas. Pero, en el proceso, la gente está acabando en peores condiciones” puesto que “muchos de los que trabajaron arduamente están desempleados, mucha gente que estudió es incapaz de conseguir un buen empleo; el ambiente está cada vez más dañado; y las personas se están dando cuenta de que sus hijos vivirán en condiciones incluso peores que las que les tocó a ellos”.

Este razonamiento, aunque guardando las grandes distancias entre Estados Unidos y Europa, también se podría aplicar a Guatemala, donde las promesas de los políticos, sobre todo durante el desarrollo de las campañas electorales, desde las más sensatas hasta las más descabelladas, no las cumplen cuando asumen los cargos de elección popular que disputan, lo que se ha constituido en un fenómeno recurrente, en el sentido de que cada cuatro años los aspirantes a ocupar posiciones del poder político plantean cualquier oferta electoral que se les ocurra a ellos o a sus partidos y asesores, a sabiendas que no estarán en capacidad de ponerlas en práctica.

La pobreza en Estados Unidos se incrementa constantemente, al igual como sucede en Guatemala, aunque en diferentes dimensiones y escenarios, por razones fáciles de comprender, y el ambiente también se degrada en territorio guatemalteco como consecuencia de la ausencia de políticas ambientalistas del Estado, la codicia desmedida de los grandes empresarios, la rampante corrupción en todas las escalas de la administración pública y la ignorancia de la población en materia de preservar los recursos naturales.

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