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Ideas sobre el desarrollo social: el “desarrollo” en Corea del Sur y Brasil

Miércoles 01 septiembre, 2010


Manuel Fernández V.
El Nuevo Diario, Nicaragua
 
En cualquier trabajo de documentación sobre el “desarrollo” de las potencias emergentes, el resultado de mayor interés es la singularidad de cada uno de estos procesos sociales y económicos. Pero los casos de Corea y Brasil tienen la particularidad de mostrar, con mayor evidencia que otros, una característica común a todas las formas de alto “desarrollo” conocidas en el siglo XX: la dirección y orientación de un programa predictivo (la predictividad es una función del conocimiento científico), mediante un acuerdo consensuado o por coincidencia de intereses (una planificación política), supuesta una coyuntura internacional favorable.
 
En la tradición cultural de los señoríos coreanos estaba el cultivo del conocimiento, no sólo de la voluntad guerrera; y durante la ocupación japonesa, que terminó en 1945, las familias señoriales pudieron ocuparse de la administración de empresas niponas que sentaron las bases de la industrialización. En 1953, al final de la “guerra de Corea” (después del conflicto por Berlín en 1948, la primera de las continuas confrontaciones bélicas durante la Guerra Fría), los señoríos surcoreanos se beneficiaron de un marco de alianza estratégica con Estados Unidos; y formaron corporaciones familiares, origen de los actuales conglomerados industriales y financieros, los “chaebol” (como Daewoo, Samsung, Hyundai, LG), cuyos directivos aún intervienen directamente en la Asamblea Nacional.
 
En cambio, en el caso del “desarrollo” de Brasil importa un factor cuantitativo, la escala de magnitudes del Estado brasileño; y por consiguiente, la importancia de la mayor y más poderosa organización del Estado, el ejército. Si todo ejército tiende a consumir la mayor partida del Gasto Público de los gobiernos, a tal extremo que el comercio y la industria de cualquier país dependen en un porcentaje significativo de su factura, en el caso de la provisión de equipos y tecnología (conocimientos) para el control territorial de Brasil, permitió a la cúpula militar la intervención en la planificación de una industria propia (siderúrgica, mecánica y electrónica) y una red de centros de I+D.
 
Por lo tanto, si damos por supuesto la existencia de apertura de mercados externos en ambos casos, el desarrollo de Corea del Sur y Brasil, pese a su diversidad, tienen en común una política de planificación (estrategia de predictividad). Lo que queda por ver es si a esta planificación se le puede llamar “desarrollo social”, o si esto ya es asunto de otras políticas de planificación.