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Imperialismos o imperio

Miércoles 17 noviembre, 2010


Mauro Zúñiga Araúz
La Prensa, Panamá

La época de los imperialismos ha pasado. Los Estados–Nación dominantes expandían sus fronteras nacionales por medio de la fuerza para controlar las materias primas, la mano de obra y los mercados. Era la política del saqueo. El siglo XX fue escenario de las guerras entre las potencias imperialistas por el control territorial; pero el imperialismo se convirtió en un nudo para el desarrollo del capital financiero y trasnacional, por lo que emerge el imperio en la geografía mundial. 

Es la última etapa en el desarrollo del liberalismo económico. Actúa a nivel planetario. No encuentra obstáculos. Si los hay, los elimina por la fuerza. Por eso es que se han visto en la necesidad de crear sus propios antimodelos. El imperio tiene, al menos, seis características que lo tipifican. En primer lugar, por la ausencia de fronteras. El imperio no tiene límites. El capital financiero y transnacional fluye con plena libertad por todos los confines del planeta. Los Estados–Nación compiten por atraerlo, para ello flexibilizan y precarizan la mano de obra y el intelecto. Al capital no le importa las consecuencias humanas de esa política laboral. 

En segundo lugar, el capital financiero y trasnacional no se presenta como antaño, con la política del garrote. Su conquista es por medio de un orden preestablecido, que nadie conoce de dónde salió, pero que existe, es real. Ya no se necesita la invasión de los marines. Hay un orden internacional diseñado en los centros hegemónicos de poder (Club Bilderberg, Council of Foreign Relations, etc).

En tercer lugar, el imperio forma parte de la vida social de la gente. Se ha calado profundamente en nuestros estilos de vida, lo que hace que no diferenciemos entre lo económico, lo político, lo social y lo cultural. Hay una fusión inseparable entre el cuerpo, la mente y el modo de vida. En cuarto lugar, el imperio se presenta como dedicado a la paz. Ha creado sus propios valores que hemos aceptado como ciertos. Es la nueva ética del poder. Hay una línea divisoria clara. Aquí está el imperio, los buenos. Allá están los malos. Se está con el imperio o se está en contra. A los malos se les coopta o se les elimina. Todo lo que hagan los buenos es bueno, así sean actos de terrorismo en donde mueren civiles y niños. 

En quinto lugar, el imperio está preparando la nueva remilitarización de América Latina, con gobernantes civiles. Las consecuencias humanas del neoliberalismo son devastadoras. Hambre, pobreza, exclusión social, desempleo, empleo precario, angustia, desesperanzas, violaciones a los derechos humanos de primera generación. En sexto lugar, crea, mantiene y apoya los antimodelos, esto es, gobiernos con un discurso socializante y antiimperialista, con una política de terror y de opresión, pero sin programas sociales sostenibles. El ícono de este antimodelo en América Latina lo representa el gobierno venezolano. 

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