Miércoles 17 julio 2019

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Indignados en Panamá

Jueves 20 octubre, 2011


Demetrio Olaciregui
La Estrella, Panamá

No hay que hacer grandes esfuerzos para darse cuenta de que la mayoría de los panameños está indignada con el uso mafioso del poder por parte del presidente Ricardo Martinelli. Un escándalo de corrupción, pierde gradualmente intensidad ante el advenimiento de un nuevo acto de rapiña. Todas las acciones corruptas siguen intactas, cubiertas por la impunidad.

Esa inmoralidad e indecencia es repudiada por los panameños. La reciente revuelta en Azuero contra las cajas fiscales resultó en un despertar ciudadano que se sumó a los hechos de Changuinola por la Ley Chorizo, de San Félix por la Ley Minera, del sector este por el caos en el transporte público y de los asegurados por la bacteria asesina. La mayoría ciudadana está determinada a rescatar al país de las manos de Martinelli que pretende secuestrarlo.

Los indignados de Panamá son expresión de un movimiento de dimensión planetaria. Los ciudadanos están en la calle por motivos políticos y económicos, inspirados en el espíritu revolucionario de la primavera árabe. Los indignados de Madrid recogieron la bandera en una dinámica en cadena, que ha llegado a sacudir las entrañas mismas del poder económico en Nueva York y del político en Washington y Bruselas.

La primera jornada de protestas del fin de semana fue un llamado a los ciudadanos de todo el mundo a levantarse contra los sistemas de gobierno que han defraudado la confianza de los votantes. El respaldo en más de 1,000 ciudades en unos 90 países demostró que hay un despertar social y que está ganando terreno la importancia de horizontalidad frente al actual superindividualismo.

Los jóvenes son el combustible de la indignación, porque representan una generación sin futuro y sin fe en las instituciones tradicionales. Las revueltas en Chile por acabar con el lucro e implantar la educación gratuita en todos los niveles, son similares a las demandas en Colombia exigiendo una reforma de la educación superior que frene su mercantilización, y en Costa Rica contra la degradación de la enseñanza y los recortes presupuestarios. Pero también es por el rescate de la dignidad y del decoro que ha perdido la política, como ocurre en Italia con Silvio Berlusconi, que, en lugar de gobernar, se ha entregado a desenfrenos sexuales con menores de edad y a la corrupción con los dineros públicos.

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