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Insultante, abusivo y repugnante comportamiento

Viernes 02 marzo, 2012


Francisco Cáceres Barrios
La Hora, Guatemala

Tengo la impresión que se acabaron los epítetos para señalar el mal comportamiento de los diputados al Congreso de la República. Cualquier adjetivo calificativo del más alto grado de intensidad se quedó corto para calificar su pésimo trabajo y el elevadísimo costo que representa mantener un poder legislativo, prácticamente inoperante, para que en nuestro país pudiéramos contar con una democracia efectiva y representativa.

Lo peor de todo es que mientras sus 158 integrantes pueden poner de cabeza a toda la nación, los que llegan a presidirlo tranquilamente manifiestan su ignorancia o desconocimiento de lo que ahí sucede así como la gran mayoría de sus electores siga igual que siempre: indiferentes y conformistas.

¿Solución? ¡Sí la hay! En vez de andar pensando en que la luna es queso o buscándole tres patas al gato cuando tiene cuatro, debiéramos haber debatido desde hace rato las modificaciones a la Ley Electoral y de Partidos Políticos para ponerle dientes, uñas, como todas las fuerzas necesarias para reducir el obsoleto sistema que actualmente empleamos para elegir una cantidad innecesaria de diputados, como para contener su constante burla que a diario se hace a la inteligencia de la población.

Ya basta de vivir poniendo cortinas de humo para la infinidad de cosas chuecas que hay en nuestro país. Ya es hora de sacar la escoba y la pala para recoger la porquería que encontremos en el camino, en vez de ver hacia otro lado o jugarle la vuelta para no tropezar con ella. ¿Quién se opone a combatir la evasión de impuestos? ¡Nadie!; ¿Quién discute que tantos temas candentes que afligen a la población sean analizados o se pongan a debate? ¡Nadie!; ¿Quiénes no quieren que se acabe el derroche, la corrupción y el mal manejo de los fondos públicos? Solo los pícaros, los que viven bien y a sus anchas con el dinero mal habido, riéndose por la ignorancia e incapacidad de un pueblo sumido en la frustración y el desencanto.

Sinceramente no creo que haya alguien con dos dedos de frente que no tenga ganas de poner manos a la obra de la reconstrucción, pero seguimos caminando en círculos sin poder encontrar el camino de salida, cuando lo único que se necesita es tan solo el deseo de hacer las cosas bien, con la verdad en la mano, un poco de ánimo y una absoluta decisión. Hay extremistas que opinan que la única manera de resolver el problema del Congreso es prenderle fuego con sus 158 diputados adentro, porque “muerto el chucho se acabó la rabia”, pero todo ello son tan solo rabietas, pues al poco tiempo volvemos a seguir “eligiendo” a personas sin méritos para ser nuestros legítimos representantes. De acuerdo, lo anterior no debiera extrañarnos cuando vivimos en un país en donde por un celular se mata a la gente y hasta nos disgusta ver que se impida su reventa.

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