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La agricultura panameña

Martes 19 octubre, 2010


Hirisnel Sucre Serrano
La Prensa, Panamá
 
En una conversación que sostuve con Alberto Velásquez, comunicador especializado en el agro, y Ángelo Chen, prestigioso ingeniero agrónomo, en referencia al desarrollo del sector agropecuario de Costa Rica les señalé que no recordaba que nuestro mismo sector hubiese superado el 5% del PIB en los últimos años.
 
¿Cuál será mejor? Y se me ocurrió preguntarles a estos amigos ¿a qué se debía esto? Rápidamente me contestó el ingeniero Cheng que ello era así, “porque Costa Rica no tenía un Canal”. Esa respuesta la consideré acertada, porque nuestro país tiene geográficamente dos economías: la primera se desarrolla desde Capira hasta la frontera con Costa Rica, y desde Chepo hasta la frontera con Colombia; la segunda está comprendida entre las áreas metropolitanas de La Chorrera, Panamá, San Miguelito y Colón.
 
La primera economía es de tipo agrario, igual a la centroamericana, y la segunda es de servicios y comercio, tipo Miami; desarrollada a base de la construcción del ferrocarril, el Canal, los puertos, la existencia de la ex Zona del Canal, la existencia de bases militares norteamericanas en esa franja, que ya no existe, pero que mantiene sus efectos.
 
En buena hora hemos conocido que se presentó un plan estratégico para apoyar al sector agropecuario, con una inversión de 700 millones de dólares en los cuatro años próximos, fortaleciendo el presupuesto de funcionamiento de este ministerio, de tal forma que se establezca un eficiente servicio de extensión agropecuaria que le permita a los técnicos y especialistas de las instituciones del sector público agropecuario llevar a los productores conocimientos y técnicas modernas de producción de alimentos para el consumo nacional y la exportación.
 
Con acciones como estas, ejecutadas como política de Estado, podremos mejorar la productividad (costo/beneficio) para que el productor reciba las utilidades necesarias que le inspiren a continuar en la producción de alimentos, a la vez que se da una oferta de productos superior a la demanda, de forma que los intermediarios en la cadena de comercialización no sean los mayores beneficiarios, y que tanto el productor como el consumidor obtengan beneficios, potenciando la agricultura familiar y la seguridad alimentaria.