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La agricultura y la democracia

Martes 19 octubre, 2010


Eloy Ortega Souza
El Heraldo, Honduras
 
Si permitieran la quiebra económica del sector agropecuario se paraliza la capacidad productiva, repercutiendo en lo económico, en lo social y se socavan las bases democráticas del país, así de simple. Además, sin agricultura no hay comida.
 
La democracia se fortalece en la medida que todos los actores sociales participemos efectivamente en la construcción de las políticas que afectan nuestras vidas y que nuestro trabajo y producción contribuyan al crecimiento de Honduras.
 
Los productores y trabajadores de la agricultura hondureña constituyen un bloque social, fortalecedores de la estructura democrática y son capaces de formar tendencias políticas y económicas. Aun más, si la población relacionada directa e indirectamente con la actividad agrícola y la población rural se unieran sin diferencias políticas, ideológicas, religiosas y sociales con el propósito de defender sus intereses, la presión hacia el sector político sería simplemente novedosa y alcanzarían sus pretensiones con efectividad y agilidad.
 
Hasta ahora los productores agrícolas han venido tratando de estabilizar uno de los principales modos de producción de alimentos para el país, contribuyendo de forma notable a la estabilidad social. Sin dejar de mencionar la importancia de la agricultura familiar, quienes son el mejor medio para que el gobierno a través de programas de proyectos de diversificación de la pequeñas especies de animales pueda incidir en la reducción de los índices de pobreza agrícola y rural.
 
Es claro que sin actividad productiva no hay desarrollo y sin financiamiento adecuado no hay actividades productivas que contribuyan a la seguridad alimentaria y a combatir la pobreza, pero los factores económicos no son las únicas, ni siquiera las principales palancas de los cambios que supone el desarrollo.