Martes 20 agosto 2019

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La casa de los sueños

Jueves 16 septiembre, 2010


Miguel Huezo Mixco 
La Prensa Gráfica, El Salvador

Por favor vayan a ver la exposición “Arquitectura de remesas. Sueños de retorno, signos de éxito”, en el Museo de Arte de El Salvador (MARTE). Fotógrafos, arquitectos, antropólogos y artistas comparten sus particulares enfoques sobre las migraciones internacionales.

Lo que a mediados de los años 70 comenzó como una huida desesperada, ahora constituye una de las mutaciones culturales más importantes del último siglo en Centroamérica. Los migrantes han cambiado nuestros países no solo por el dinero que envían a sus parientes, sino porque transformaron el metabolismo de la sociedad entera. La exposición “Arquitectura de remesas”, que ocupará hasta mediados de octubre una de las salas del máximo centro artístico del país, es una prueba de esto.

Durante los años 2009 y 2010 un equipo multidisciplinario documentó y examinó la influencia de las remesas económicas y sociales en seis comunidades de Guatemala, Honduras y El Salvador, para dar cuenta del surgimiento de una arquitectura híbrida que comenzó a extenderse a partir de los años 90 del siglo pasado.

La arquitectura de remesas es una arquitectura sin arquitectos. Popular. Hecha por albañiles. Trazada al pulso. Arquitectura de mano de obra. Está constituida por casas, o casotas, que se yerguen como ídolos del éxito en las tramas urbanas de los pequeños poblados del interior: sobresalen entre los pinares de Chalatenango o enjoyan las laderas de San Mateo Ixtatán. Son palacios que, a la vez, hacen más crudas las desigualdades. Como los pobres, los migrantes construyen donde pueden y como quieren.

La exposición interpela no solo el gusto imperante; también a unos de los principales personajes del mercado inmobiliario de nuestros países: Los arquitectos cuyos “ojos ven a los de arriba y a los de en medio”, pero no a los de abajo, dicen los autores. En el caótico mundo urbano de nuestros días la arquitectura de las remesas también ha venido a dar una contribución al crecimiento desordenado. Con todo, esos caserones que reproducen en sus paredes íconos del consumo (como el emblema de Nike) y subrayan hasta el cansancio su lealtad a la nueva madre patria (la bandera de Estados Unidos) son la cara amable de las migraciones. Son la materialización de un sueño y el grito de su triunfo.

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