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La cura a la actual crisis

Miércoles 26 octubre, 2011


Thelmo Vargas
La Nación, Costa Rica

La difícil situación por la que atraviesan la economía de los Estados Unidos y las de los países que conforman la zona del euro – por mucho, los principales socios comerciales y financieros de América Central – ha dejado claro que sobre las medidas para enfrentarla existen diferencias casi abismales. Donde unos ven día, otros ven noche. Lo que para tirios es sí, para troyanos es no.

Las diferencias se observan entre los miembros del partido Demócrata en los Estados Unidos (quienes afirman –palabra más, palabra menos– que el alto déficit fiscal es malo y, para reducirlo, se requiere elevar la carga tributaria, en particular a los ricos) y los del Partido Republicano (lo que procede es bajar gasto, punto). También se dan entre voceros autorizados de países de la eurozona.

Francia es del criterio que al euro hay que salvarlo, y por eso debe darse todo el apoyo financiero que Grecia hoy requiere. Para Alemania, conservar el euro es importante, pero no a costa de dar un mal mensaje, como es que la indisciplina fiscal no apareja consecuencias.

Recientemente, el premio Nobel en Economía Joseph E. Stiglitz, en un artículo publicado es este diario (cf., “ La cura para la economía ”, La Nación, 4 de octubre, 2011, página quince), afirmó que en la actualidad “hacen falta sólidos programas de gasto público que apunten a facilitar la restructuración, promover el ahorro energético y reducir la desigualdad”.

Sin embargo, “a ambos lados del Atlántico se optó por la austeridad fiscal, con lo que prácticamente está garantizado que la (recuperación) de esas economías será lenta”.

Robert E. Lucas, lo único que tiene en común con Stiglitz es la “E” con que inician sus segundos nombres, quien sostiene que el alto gasto público es improcedente ahora y siempre. “El Estado de bienestar es tan costoso, que simplemente rompe la conexión entre el esfuerzo del trabajo y lo que se obtiene a cambio, el estándar de vida”. En entornos donde los políticos no tienen claro el límite de la función redistributiva del Estado, poco estímulo a trabajar tiene quien espera que se lo den todo, y menos aún quien sabe que mediante impuestos le quitan una parte sustancial de lo que gane.

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