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La demanda energética, los pronósticos y política del miedo

Miércoles 15 febrero, 2012


Juan Jované
Panamá América, Panamá

Quienes por cualquiera de los medios de comunicación le dimos seguimiento a la reciente discusión sobre las hidroeléctricas presenciamos, con no poco asombro, un extraño y bizarro espectáculo. En el mismo, un grupo de burócratas, arropados en una supuesta aureola de neutralidad científica, amenazaban abiertamente a la población con una especie de catástrofe universal si no se aceptaba a pie juntillas la posición del gobierno de turno en relación al tema en discusión. La política del miedo se estaba utilizando como instrumento político. El drama de todo esto es que la calidad de algunos de los documentos de base para las proyecciones carecen, a nuestro juicio, del suficiente valor científico.

Como economista con formación y práctica en la econometría, me di a la tarea de analizar los documentos relacionados con la proyección de la demanda energética, encontrando serias dificultades en los mismos. Para comenzar, se utilizó una proyección lineal, la más sencilla de todas, pero también la que, generalmente más se aleja de las realidades complejas del mundo real.

En un plano más técnico, violando el criterio de las ciencias sociales, donde se usa un nivel de significación del 5%, esto es 2.5% de error por cada cola, los proyectistas gubernamentales elevaron este nivel hasta el 10%, con lo que el error admisible por cola se incrementó hasta el 5.0%.

Lo importante aquí es que de, haberse utilizado el nivel de significación que normalmente se admite en las ciencias sociales, se habría descubierto que, científicamente hablando, algunas de las variables aceptadas en las ecuaciones como válidas deberían haber sido excluidas. En el campo de las pruebas para asegurar la calidad de los pronósticos también se observaron importantes errores y omisiones.

Entre los errores se destaca el hecho de que habiendo variables rezagadas entre las variables explicativas, como sabe cualquier estudiante del curso básico de econometría, no se debió utilizar la prueba de Durbin – Watson, sino la llamada Durbin–h, lo que introduce reservas en relación a la validez de los pronósticos presentados.

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