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La ilusión de estimular

Viernes 10 septiembre, 2010


Álvaro Vargas Llosa
elsalvador.com, El Salvador
 
Ante la ira de los votantes por el fracaso de los estímulos monetarios y fiscales, que no han estimulado nada, la administración Obama y la Reserva Federal están doblando la apuesta. El gobierno lanza ahora otro plan de gastos con un desembolso inicial de 50 mil millones de dólares orientados a proyectos de infraestructura, mientras que el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, ha dejado entrever que está sopesando nuevas formas de emisión monetaria.
 
Las políticas de estímulo se iniciaron durante el último año de George W. Bush y han continuado con vehemencia, bajo el mando de Obama. Han sido en vano. La respuesta a ese fracaso revela una incapacidad alucinante para aprender la lección. Si casi 1 billón de dólares (millón de millones) de gasto fiscal y la triplicación del balance de la Reserva Federal no han resuelto el problema, los dirigentes ya deberían haber entendido que el proceso de saneamiento económico —saldar las deudas, liquidar los activos redundantes, ahorrar y, eventualmente, volver a invertir y consumir— no puede ser alterado por úcases políticos. Como el estímulo gubernamental detrae energía de la misma economía a la que trata de reavivar, y como el "dinero fácil" de la Fed no está siendo canalizado por los agentes económicos hacia fines productivos, ya resulta obvio que las políticas actuales son inútiles.
 
En realidad estos estímulos son peor que inútiles: agravan el problema. La Escuela Austríaca de Economía, cuyos iconos incluyen al Premio Nobel Friedrich von Hayek, ha sostenido durante mucho tiempo que el ciclo de auge y depresión es hijo de la expansión del crédito provocada por el gobierno y la corrección inevitable. Responder a una recesión con otra expansión crediticia artificial pospone la recuperación y genera, usted lo ha adivinado, más auge y depresión.
 
La historia de las recesiones en Estados Unidos lo confirma. La burbuja de las empresas punto.com que estalló en 1999 fue seguida por nuevos estímulos monetarios casi de inmediato. No alteraron el traumático proceso de recuperación: el cuarenta por ciento de las mayores bancarrotas entre 1980 y mediados de esta década se produjo desde comienzos de 2001. El estímulo acabó inflando otra burbuja.
 
No sabemos cuál burbuja están inflando las actuales políticas de estímulo. Podrían ser los "commodities", que están mostrando signos de gran excitación. Pero sí sabemos que los problemas fundamentales se agravarán. Las cantidades de dinero sin precedentes que han sido inyectadas por el Estado plantean el interrogante: ¿cómo darán marcha atrás las autoridades cuando decidan que ya es suficiente?