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La Ley SOPA y el desarrollo de los países pobres

Martes 14 febrero, 2012


Octavio Martínez Baltodano
El Nuevo Diario, NIcaragua

El 30 de noviembre de 1999, la Organización Mundial del Comercio (OMC) se reunió en Seattle para lanzar la novena ronda de negociaciones comerciales. Las negociaciones no tuvieron éxito y fueron rápidamente eclipsadas por las masivas protestas que se desarrollaban en las calles de aquella hermosa ciudad. La ciudadanía de los países desarrollados estaba protestando por asuntos globales relacionados con la igualdad y pobreza. La escala de aquella manifestación hacía palidecer cualquier otro precedente.

En las palabras del Premio Nobel de Economía Josep Stiglitz, “de repente la brecha entre pobres y ricos se estaba convirtiendo en algo escandaloso en la conciencia pública”. Este fue uno de los motivos para que se llevara a cabo en septiembre de 2000, la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, donde los líderes mundiales situaron la reducción de la pobreza en el corazón de la agenda global, al adoptar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

Es así que la incorporación de las preocupaciones sobre el desarrollo a las nuevas rondas de negociaciones de la OMC era una parte natural de un programa de acción colectiva global para reducir la pobreza. Es por ello que la mejor manera de ayudar (o por lo menos no perjudicar) el desarrollo de los países pobres es mediante condiciones comerciales más igualitarias para no usar el término “justo”, que hoy en día se ha convertido en un fetichismo.

Es en este marco que en noviembre de 2001 empezó la mal llamada “Ronda de Desarrollo de Doha”, donde los países industrializados, al supuestamente reconocer las desigualdades creadas en negociaciones previas, acordaron una agenda que según afirmaban reflejaría las preocupaciones de los países en desarrollo, pero al momento de llevar la retórica a la práctica se observaron claramente sus pobres intenciones de ayudar (o por lo menos dejar de perjudicar) a los países en desarrollo.

Para que los acuerdos fueran beneficiosos para los países en desarrollo, se requería que llevaran a una reducción de los aranceles en los países desarrollados sobre los productos que los países pobres pueden exportar competitivamente. Se trata principalmente de bienes producidos gracias al uso intensivo de mano de obra, es decir, bienes que son baratos de producir en países en los que los salarios son.

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