Domingo 15 diciembre 2019

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La naturaleza del Estado

Martes 14 diciembre, 2010


Juan Jované
Panamá América, Panamá

De acuerdo con la doctrina cristiana el Estado debe constituirse y actuar como el garante del bien común. Es así que Juan XXII en su Mater et Magistra explica la posibilidad y deber que tienen los poderes públicos “de reducir los desniveles entre diversos sectores de la producción, entre las diversas zonas dentro de la comunidades políticas y entre diversas naciones en el plano mundial; como también de contener las oscilaciones en el sucederse de las condiciones económicas y de afrontar con esperanzas de resultados positivos los fenómenos de la desocupación de masas”.

Esta visión de un Estado al servicio de la comunidad con una clara opción preferencial por los pobres aparece, sin embargo, radicalmente negada en nuestra realidad, en la que predomina un Estado que por medio de lo que podemos calificar de acumulación por desposesión practica la depredación de la comunidad a favor de una pequeña fracción de la población.

No solo se trata de recordar que, pese al amplio crecimiento observado en la economía en los últimos años, cerca del 40% de la población sigue viviendo en pobreza, que el 17% de la misma se mantiene en condiciones de subnutrición, que cerca del 42.1% de los trabajadores no agrícolas se encuentren en situaciones de informalidad, mientras que un pequeño grupo privilegiado conformado por apenas el 10% de la población logra concentrar casi el 40% del ingreso nacional disponible.

Se trata también de llamar la atención de cómo actualmente el Estado ha venido actuando como un instrumento de acumulación por desposesión, es decir como una maquinaría que suprime y limita los derechos de la comunidad para asegurar la creciente acumulación de la pequeña fracción que lo domina.

Se trata no solo de afectar los derechos de los trabajadores asalariados, sino de utilizar la inflación como medio de transferir ingresos desde la población hacia los comerciantes especuladores, de desposeer a las comunidades indígenas y campesinas de sus recursos naturales con el fin de asegurar la acumulación de las transnacionales de la minería y del sector energético, de arruinar a los pequeños y medianos productores del campo. A esto, sin embargo, se debe añadir la propia depredación que ocurre dentro del propio Estado, la que se manifiesta nítidamente en la creciente importancia que han cobrado elementos tales como la contratación directa indiscriminada, acompañada ahora por la eliminación del control previo y leyes represivas.

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