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La nueva mujer del Brasil

Martes 02 noviembre, 2010


Glauco Arbix
El Nuevo Diario, Nicaragua
 
El Brasil ha cambiado espectacularmente en los quince últimos años. Ha dado a su economía la orientación adecuada, ha reducido la pobreza, disminuido la desigualdad y ha consolidado su democracia. Los fantasmas del pasado -–autoritarismo, persecución política y censura-- han quedado atrás.
 
El Brasil ha pasado ahora por otra prueba: la de tener a una mujer en la cima del Poder Ejecutivo. Los imperativos que afronta la Presidenta electa, Dilma Rousseff, son enormes, pero también lo son sus ventajas. Se han puesto las bases para un desarrollo económico rápido y no hay nada que indique la posibilidad de un cambio importante en las metas de inflación, en la autonomía del Banco Central o en el tipo de cambio flotante.
 
Rousseff debe su victoria al Presidente saliente, Inácio Lula da Silva, y al éxito de su administración. Sabe que los avances del Brasil durante el mandato de Lula estuvieron respaldados por un crecimiento económico estable, transferencias sociales mayores a las familias pobres, como, por ejemplo, Bolsa Familia, y a la democracia.
 
Pero, ¿seguirá dando resultado la misma fórmula para el Brasil en el futuro? Hay señales que avisan de que se debe hacer más, porque la estabilidad económica no produce dinamismo automáticamente. Tampoco la democracia es sinónima de instituciones fuertes y la protección social no puede sustituir a un mercado laboral eficiente.
 
Para que el Brasil compita en el mercado internacional, resulta esencial mayor inversión y la economía del país necesita una sacudida en materia de innovación. La productividad es escasa y la incorporación de la nueva tecnología sigue limitada a un grupo minoritario de empresas. Sin una transformación estructural el Brasil no podrá mantener su crecimiento durante mucho tiempo.