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La posmodernidad, nuevos escenarios

Miércoles 01 septiembre, 2010


Mauro Zúñiga Araúz
La Prensa, Panamá
 
El paso de la modernidad a la posmodernidad es un proceso continuo, irreversible y asimétrico. Depende de múltiples factores, uno de los cuales es el estatus del país al inicio del cambio. A la modernidad también se le conoce como sociedad industrial o sociedad del bienestar, en tanto que a la posmodernidad, como sociedad de la información.
 
Los puntos más relevantes de la primera son, a mi juicio, la existencia del Estado–nación, que tenía la capacidad de dirimir, con cierta independencia, los conflictos sociales que se daban dentro de su territorio. La clara división entre lo público y lo privado. La relación directa entre capital/trabajo.
 
El fordismo y el taylorismo en los regímenes salariales y la organización del trabajo, respectivamente, que dio como resultado la estabilidad laboral, los altos ingresos, los incentivos laborales.
 
El sistema 40/40. Cuarenta horas de trabajo a la semana y 40 años de trabajo estable. La primacía de lo que en el lenguaje sociológico se conoce como “mano de obra productiva”. La política antimonopolio para mantener la competencia entre los capitalistas.
 
En la posmodernidad, cuando el capital se globaliza, los Estados–nación empiezan a desmoronarse. Sus fronteras se vuelven porosas para el flujo del capital financiero. Se termina con el fordismo. Los Estados–nación compiten para flexibilizar la mano de obra y atraer el capital foráneo. Reina la inestabilidad laboral.
 
Se privatizan los bienes y servicios públicos y se trastoca el concepto de “privado”, ya que el mismo ser humano es sometido a la vigilancia estatal. Se abole la política antimonopólica. El capital se hace invisible. Los avances tecnológicos hacen que la denominada mano de obra productiva pierda importancia.