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La relatividad del “desarrollo”

Miércoles 06 octubre, 2010


Manuel Fernández V.
El Nuevo Diario, Nicaragua

Las políticas de desarrollo social y económico varían con los intereses de grupo y partido. En todas las sociedades hay individuos que viven en grupos urbanos con las mejores condiciones materiales, y que pueden no sentirse motivados por una política que cambie su situación a peor para que otros mejoren. Porque cada forma de desarrollo implica unos ganadores y unos perdedores, y cualquier desarrollo social sin perdedores es una utopía.

El asunto se vuelve más complejo si se tiene en cuenta quién decide lo que es “desarrollo”; porque una sociedad comparativamente desarrollada o subdesarrollada para unos, puede no serlo para otros bajo ciertos aspectos. Por ejemplo, los criterios de la OCDE o del FMI no resultan válidos para el PNUD, donde aparecen medias estadísticas.

Toda sociedad tiene una u otra forma de desarrollo, no sólo en diacronía como proceso de su formación (la de su propio desarrollo) sino en sincronía, en el desarrollo desigual de los grupos como sistema de relaciones de desigualdad social. Pues no hay sociedades que no estén en desarrollo (proceso), y en todas hay una diferenciación de grado de desarrollo de un grupo a otro. Además, las particularidades culturales y políticas no repiten los patrones del desarrollo de otra sociedad.

En un país como Nicaragua hay grupos integrados en la economía formal, que realizan sus intercambios en moneda, sus ingresos de capital o de salario y sus gastos o ahorros pasan por cuentas bancarias, dentro de la fiscalidad del Estado. En este sector de la economía formal puede haber grupos con indicadores sociales elevados. La infraestructura urbana de sus barrios, su vivienda, sus medios de transporte (aéreo y terrestre), sus servicios de salud y educación, etc. se podrían comparar con los estándares más altos o de clase media en Oregón, Extremadura o Sicilia.

Los que viven en estas condiciones en Managua ven barriadas de pobres en las inmediaciones de sus vecindarios como pasa en todas las ciudades del mundo. Pero veremos que esos vecindarios no son tan pobres como aparecen en la estadística del “desarrollo”, ni los países “desarrollados” están exentos de barrios de pobres y cinturones de miseria.  Cada año las estadísticas de “desarrollo” cometen un error de cálculo que divide datos de la economía formal de estos sectores entre toda la población, cuando la mayor parte de la economía del país es informal. 

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