Miércoles 17 julio 2019

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La ventaja de Steve Jobs

Viernes 14 octubre, 2011


Andrés Oppenheimer
La Prensa, Honduras

Un mensaje de Twittter de un seguidor español que recibí horas después de la muerte del fundador de Apple, Steve Jobs, me llamó la atención. El mensaje decía: “En España, Jobs no hubiera podido hacer nada, porque es ilegal iniciar un empresa en el garaje de tu casa, y nadie te hubiera dado un centavo”.

El comenterio plantea algunas preguntas interesantes: por qué no hay más innovadores como Jobs —o el fundador de Microsoft Bill Gates, o el fundador de Facebook Mark Zuckerberg, o tantos otros— en otras partes del mundo, y si Estados Unidos seguirá siendo el centro tecnológico del planeta en momentos en que su influencia política, militar y económica está en disminución.

Jobs, que murió a los 56 años, estudió en una buena escuela secundaria en una zona de California repleta de compañías de alta tecnología, y co-fundó Apple en el garaje de su casa a los 20 años de edad. Diez años más tarde, tras recibir dinero de varios inversores, Apple valía 2 mil millones de dólares y tenía 4,000 empleados, y producia una larga lista de innovaciones que cambiarían el mundo, incluyendo la computadora Apple, el iPod, el iPhone y más recientemente el iPad.

En 1985, Jobs fue despedido de Apple, en medio de una lucha de poder dentro de la empresa, e inició un período que más tarde describió como el más creativo de su vida. Fundó NeXT Computer con poco dinero, pero muy pronto el multimillonario Ross Perot, hizo una importante inversión en su empresa, y cinco años después, produjo las primeras terminales informáticas NeXT.

A mediados de los años 80, Jobs compró también una empresa de computación gráfica, y empezó a producir películas como Toy Story y otros filmes animados por computadora. Volvió a Apple en 1996, y lo que siguió es historia. A lo largo de su vida, registró 338 patentes de inventos propios o compartidos.

A juzgar por las estadísticas internacionales, mi corresponsal de Twitter, puede estar en lo cierto al decir que Jobs hubiera tenido que ser muy paciente —y afortunado— para iniciar su empresa informática en España o en otros países.

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