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Las diversas caras de la corrupción

Viernes 30 septiembre, 2011


Arturo Alvarado
El Heraldo, Honduras

Los hondureños estamos agobiados por la criminalidad, la corrupción y el desempleo. Los dos primeros tienen un fuerte impacto sobre el desempleo, ya que impiden que nuestro país pueda atraer la inversión privada que se necesita para generar crecimiento económico y, como resultado, crear los puestos de trabajo que demanda la población.

La inseguridad en que vive la mayoría de la población, azotada por la delincuencia común, los grupos de maras y las bandas organizadas del narcotráfico, no puede ser combatida si los mismos operadores de justicia se encuentran infiltrados por los delincuentes. Existen muchas colonias en poder de las maras y muchos pequeños negocios pagando el impuesto de guerra; asimismo hay varios poblados en poder de las bandas de narcotraficantes, sin que las autoridades puedan hacer algo efectivo para combatirlo. Me decían unos humildes ciudadanos que se dedican a negocios como taxistas, pulperos y sastres, que el Presidente les ha fallado porque el puño duro para combatir la delincuencia brilla por su ausencia y que como recurso urgente, se debería delegar esta tarea al Ejército por mientras se depura la Policía.

Es claro que nuestros principales males son la corrupción y su hermana la impunidad, que sirven de escudo para los corruptos. La corrupción es como un pulpo con miles de tentáculos que mantienen atrapadas las instituciones, permitiendo que la misma se disemine por todos lados. No importa que el país cuente con una estructura institucional porque si las instituciones no funcionan y se encuentran sometidas a los designios políticos, entonces se convierten en burocracias vegetativas sin ninguna efectividad.

Pero la corrupción tiene diversas caras. Se piensa que la corrupción es únicamente el abuso de poder por un oficial público para obtener una ganancia. No hay ninguna duda que esta práctica es el paradigma de la corrupción, pero también existe en el sector privado, ya sea entre los mismos miembros de dicho sector o como los corruptores del sector público. La forma más evidente de corrupción es el soborno, que es considerado el mecanismo por excelencia.

Pero también existe corrupción en los actos de nepotismo, al contratar parientes con el objetivo de allanar el camino para apropiarse de fondos públicos o al llenar las empresas públicas de activistas que cobran salarios sin trabajar o aprovecharse de gastos de viaje o de representación u otras artimañas para embolsarse fondos públicos o privados. Hay corrupción al adulterar los resultados de una votación para asegurar un triunfo electoral o cuando un policía fabrica pruebas incriminatorias para lograr una condena. Otros ejemplos clásicos en Honduras son crear organizaciones sin fines de lucro con prestanombres para luego trasladarles fondos que son utilizados sin ningún control o adjudicar licitaciones por grandes sumas amañadas para un solo postor o declarar emergencias creadas o ficticias para no licitar.

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