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Las Galápagos: un juego de volcanes y tortugas

Viernes 24 octubre, 2014


 

Isabela Ponce Ycaza

Desde el cielo y por la ventana, justo antes de aterrizar en el aeropuerto de Baltra, ya cautivan las islas Galápagos. Las distintas tonalidades de turquesa del mar aumentan la ansiedad por bajarse del avión y recorrerlas. La primera parada es Santa Cruz, la isla más poblada. Al llegar, lo primero que impresiona son los lobos marinos que descansan en el muelle. Unos toman sol boca arriba y otros nadan muy cerca de las rampas que conducen hasta las distintas embarcaciones.

Desde allí se puede contratar un tour por la bahía de esta isla. Para disfrutarlo, se necesitan mínimo cuatro horas. En este recorrido se visita Las Grietas, un canal con agua cristalina en el que es posible lanzarse desde una roca de 12 metros de altura. No todos los turistas se animan al salto: desde arriba, el vértigo gana y la opción más segura es descender por las rocas y nadar en esa piscina natural de agua clara.

En el mismo recorrido en bote se llega hasta el Canal del Amor, un brazo de agua verde claro donde la embarcación disminuye la velocidad para ver de cerca a los piqueros patas azules, fragatas y albatros que se posan en las rocas negras que rodean el canal. Junto a las aves, también descansan lobos marinos. El Sol de media mañana se refleja en su brillante pelaje café.

Los llamativos animales son el blanco de las cámaras fotográficas.

El paseo sobre el bote da un giro cuando se acerca a La Lobería, un islote lleno de rocas donde viven cientos de lobos marinos. Están a lo lejos en la arena o sobre puntiagudas rocas negras. Ya con el equipo de snorkel puesto bajo el agua, resulta mágico cómo estos animales se acercan como si buscaran jugar. Primero, surge el miedo natural al estar tan cerca de especies enormes; luego, viene el deseo de que el momento se prolongue.

De vuelta a la ciudad de Santa Cruz, puede visitarse Tortuga Bay, una amplia playa de arena blanca y mar celeste que es también la casa de una multitud de iguanas terrestres. Es posible llegar tras 45 minutos de caminata o por el mar. Si es en lancha, se puede aprovechar para sumergirse lejos de la orilla y bucear con las tintoteras, una especie de tiburón.

Por la noche, la calle principal de Santa Cruz se ilumina por restaurantes y bares que ofrecen una variedad de platos que van desde mariscos hasta pizzas artesanales.

Aunque hay espacio para la fiesta, el ruido no alcanza la zona de hostales y hoteles. La ciudad es tranquila y silenciosa.

Isla Isabela
Para viajar desde Santa Cruz a Isabela, la isla más grande del archipiélago, es necesario tomar una lancha y el recorrido dura entre dos y tres horas. En el trayecto, en el inmenso mar saltan delfines junto al bote. Una vez en el muelle, es necesario tomar un taxi para llegar al centro del poblado. Las calles de Isabela no son asfaltadas como las de Santa Cruz.

Alrededor del parque principal existen pocas tiendas, restaurantes y locales para alquilar bicicletas. Un paseo imperdible es pedalear hasta el Muro de las Lágrimas, una estructura rocosa que es el vestigio de lo que alguna vez fue una prisión. En el trayecto hasta ese punto se cruzan en el camino varias tortugas Galápagos que, con sus lentos pero imponentes pasos, detienen el tráfico de ‘bicis acuáticas’.

Para quienes disfrutan el buceo o el snorkel, el viaje desde Isabela hasta Los Túneles es una experiencia extraordinaria.

Sumergirse entre estructuras rocosas y bucear bajo un túnel rodeado de corales es un momento único. Para los que prefieren caminar, en esta misma isla se encuentra el Sierra Negra, un volcán con un cráter de 10 km de diámetro. Para llegar hasta ahí se necesitan tres horas de caminata o dos de cabalgata. El suelo está compuesto por millones de rocas de colores volcánicos: amarillo, naranja, rojo y vino tinto.

Otras islas
El tiempo nunca es suficiente para recorrer todo Galápagos. San Cristóbal es otra de las islas que ofrece paisajes paradisíacos.

Entre las visitas obligadas en esta isla están Punta Carola y el viaje hasta el León Dormido. Alrededor de este par de imponentes rocas en medio del mar, el snorkel permite observar manta rayas, tortugas marinas, tiburones, diferentes especies de peces y medusas. Todo junto en un agua azul oscuro profundo.

El paseo por el día a Floreana también es una alternativa. Al llegar a la isla, el recorrido incluye una caminata por la parte alta donde la vegetación cambia y se asemeja a una húmeda selva.

Una recomendación útil es llevar un cronograma para aprovechar el tiempo al máximo y tampoco perder la oportunidad de recorrer la mayor cantidad de espacios en este destino atractivo.

La importancia natural
En 1978, la Unesco declaró a las Islas como Patrimonio Natural de la Humanidad. En las 19 islas y 42 islotes que conforman el archipiélago, existen 607 variedades de plantas. Entre mamíferos, aves y reptiles son 26 especies endémicas.

Los animales más populares son la tortuga Galápagos, el pingüino, los piqueros patas azules, las fragatas y el pinzón de Darwin. Cada esquina de las islas, sea terrestre o acuática, está llena de vida.

Este y otros artículos de destinos puede encontrarlos en www.aviancaenrevista.com.