Sábado 23 enero 2021

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Las “tres M” del clan: medrar, mentir, manipular

Martes 20 diciembre, 2011


Onofre Guevara López
El Nuevo Diario, Nicaragua

Pese a la limitada observación de la OEA y la Unión Europea, y la marginación oficial de observadores locales, son incontrastables las evidencias sobre el fraude electoral del 6 de noviembre 2011. Sin embargo, a la oposición le pasa igual que a la familia del muerto: todos les dan sus condolencias y ofrecen su apoyo moral, pero nadie le puede aliviar su tragedia.

Por su lado, el autor del fraude hace de todo para convencer que hubo comicios limpios. Para eso, dispone de la ayuda de sus aliados del exterior, los cuales reproducen su versión y omiten todo dato sobre el fraude, como el arranque de la ilegalidad del proceso electoral con la candidatura inconstitucional de Daniel Ortega.

Sus aliados transmiten la versión de Ortega hacia sus pueblos, junto a la versión que tienen sobre su propio país, y la hacen creíble en la medida de su propia influencia sobre ellos, y según el grado de adhesión política e ideológica que tengan respecto a sus líderes. Son los casos de gobiernos del Alba, principalmente Venezuela, Cuba, Ecuador y Bolivia.

Otro escenario es el de los organismos internacionales, en donde ambas versiones constituyen material de agenda, no siempre muy cercana al verdadero y retorcido curso legal que en Nicaragua tomó el orteguismo para llegar al fraude. En la OEA, hay choque de versiones, y en la reciente Cumbre fundacional de la Celac, solo hubo la versión de su autor y beneficiario, Daniel Ortega.

En nuestro país, el fraude se consolida a causa del dominio absoluto que sobre los poderes del Estado ejerce Ortega –en primer lugar, del corrupto Consejo Electoral—, y la cada vez menos disimulada parcialidad de la Policía y el Ejército. Por otra parte, la oposición continúa dividida, igual que previo a los comicios, aunque varió su correlación de fuerzas –ahora con la Alianza PLI al frente—.

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