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Legalización de drogas

Viernes 17 febrero, 2012


Samuel Pérez Attias
Prensa Libre, Guatemala

Debemos reconocer que la legalización de las drogas no resolverá los problemas que las drogas producen perse en el abuso de su consumo, tanto a los consumidores directos como a terceros. En economía, esos costos a terceros o costos sociales se denominan externalidades. Lo que debe evaluarse es el coste y beneficio que produce la ilegalidad de dicho producto a la sociedad en general. Los guatemaltecos podríamos empezar preguntándonos honestamente: porqué consumimos (o no) drogas, siendo estas ilegales.

¿Es que legalizándolas harán que quienes no las consuman decidan consumirlas? No existe evidencia de que en el largo plazo la legalización —o despenalización— de las drogas incremente per se su consumo. Portugal, el primer país en despenalizar el consumo de drogas duras, mostró que durante los primeros cinco años después de que la posesión personal fue descriminalizada, el uso en adolescentes disminuyó del 14.1% a 10.6% en niños de 7º a 9º grados (Cato Institute, 2009).

¿No será que teniendo más información, pudiendo hablar más abiertamente, sin temores ni tabúes, se podrá prevenir el abuso en su consumo y evaluar más abierta y objetivamente las consecuencias? Y quienes actualmente las consumen, no podrían empezar a hablar abiertamente sobre los determinantes de su preferencia, abriendo un debate civilizado e inteligente y no ser vistos como indeseables criminales?

Por otra parte, un principio fundamental del comercio es que si existe consumo y demanda de un producto habrá un productor buscando satisfacerla, sobre todo cuando el consumidor tiene pocas opciones de productos sustitutos o por adicción. Más aún cuando las condiciones del mercado proveen de todos los incentivos al productor para ser extraído, transformado y distribuido a enormes cantidades de personas que pagan millonarias sumas por el producto. Las drogas ilegales cumplen con dicha condición. El análisis de la legalización o despenalización debe desagregarse desde el punto de vista de la oferta —producción, distribución— y la demanda (reventa y consumo final).

Existe un consumo creciente de drogas ilícitas, sobre todo en los países industrializados. En 1999, el censo nacional sobre el abuso de drogas de USA mostró que 14 millones de estadounidenses reportaron ser consumidores de alguna droga ilícita. (NHSDA, 2000) En USA, los niveles de hospitalización relacionados con el abuso del consumo de marihuana, heroína o cocaína ha incrementado desde 1980 en una tasa, que aunque se ha desacelerado, sigue en aumento.

Al existir personas dispuestas a pagar altas sumas de dinero por consumo de dicho producto, habrá productores que evaluarán económicamente la provisión de los mismos. El que sea un negocio ilegal, paradójicamente lo hace más rentable, ya que la ilegalidad hace el producto aún más escaso. Sobre todo cuando la producción está en manos de pocos —oligopolio o los llamados carteles—.

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