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Los enemigos del capitalismo

Jueves 16 septiembre, 2010


Federico Bauer Rodríguez
El Periódico, Guatemala
 
El sistema en el cual los medios de producción son propiedad privada, y el producto de los mismos se intercambia en mercados no interferidos, es el único sistema que podemos llamar “económico”.
 
En este sistema, el consumidor es el que decide qué agentes económicos están cumpliendo su función, y los que no satisfacen a dichos consumidores tarde o temprano desaparecen del mercado. A este sistema le llamamos capitalismo, o economía de mercado, y es el que en distintas versiones de pureza se practica en todos los países ricos, y en los que están teniendo crecimiento económico. Los países socialdemócratas también son capitalistas en el lado de la producción, y gracias a eso pueden financiar sus programas sociales.
 
Los dos enemigos del capitalismo: Primero el mercantilismo, que desde la época de la Colonia es un sistema de privilegios, por medio del cual los allegados al poder político realizan sus actividades económicas, protegidos por tarifas arancelarias y otras normas proteccionistas, con lo que se garantizan una rentabilidad muy superior a la que el mercado libre les otorgaría. Desde hace siglos, este sistema otorga privilegios a unos cuantos agentes económicos, quienes los comparten con los políticos que se los otorgan.
 
En Latinoamérica, durante los años sesenta del siglo pasado, la CEPAL, ignorando las leyes económicas, promovió la “sustitución de importaciones”, con lo cual se fundaron muchas industrias para abastecer el mercado regional, cuya rentabilidad estaba garantizada por la protección arancelaria. Estas industrias ineficientes estuvieron expoliando a los consumidores latinoamericanos durante varias décadas, protegidas por la necedad ideológica de los “cepalinos”. Cuando se inicia el proceso de apertura económica, los industriales acuden a los políticos, con el fin de negociar los privilegios, y logran conservar muchos de ellos, gracias a los patrocinios de las campañas electorales, y a las transferencias monetarias a las cuentas bancarias de dichos políticos. Este sistema tiene mucha fuerza en los EE.UU. y en Europa. 
 
En segundo lugar, tenemos el populismo, el cual consiste en un movimiento sociopolítico que no tiene normas rígidas, ya que los líderes populistas se adaptan a lo que ellos consideran popular en ese momento. En Europa los populistas son principalmente de derecha, y en Latinoamérica de izquierda, pero todos bailan al son que en ese momento les conviene políticamente. El discurso del populista está cargado de retórica y carece de principios; cuando el populista toma decisiones económicas son cortoplacistas, y al venir las consecuencias negativas, le echa la culpa al imperio, al neoliberalismo, o al calentamiento global. El populismo no respeta los principios económicos, por lo que es considerado un enemigo de la economía de mercado, y sus consecuencias son harto empobrecedoras, aunque la ignorancia de las personas no les permite entender la relación causal de las mismas.