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Los retos de la educación superior en L.A. y el Caribe

Viernes 08 octubre, 2010


Helga Cuéllar-Marchelli
ElSalvador.com, El Salvador

Recientemente, la Organización de los Estados Americanos (OEA) celebró los primeros cincuenta años de su programa de becas y sus esfuerzos de cooperación institucional en educación superior. La buena noticia para El Salvador, es que una compatriota, a quien usted --amigo lector-- ya conoce, fue seleccionada para representar las historias de éxito de todos los ex becarios de América Latina y el Caribe en el acto de conmemoración oficial.

En El Salvador, el acceso a la educación superior es limitado. Sólo dos de cada cinco estudiantes graduados del bachillerato, continúan estudios universitarios o técnicos superiores, en la mayoría de los casos porque no pueden cubrir los costos de la educación. Seguir estudios de maestría o doctorado es aún más difícil, ya sea porque la oferta de estos programas es escasa o porque su costo es mayor. Solamente el 2% de 138,615 estudiantes matriculados en las instituciones de educación superior, está inscrito en un programa de maestría o doctorado, y, solamente dos de cada cinco estudiantes, son mujeres.

La realidad salvadoreña refleja bastante bien, lo que ocurre en el ámbito regional. La tasa bruta de matrícula en la educación superior de América Latina y el Caribe, representa el 28.5%, y equivale a la mitad de la tasa correspondiente a la de los países desarrollados. A pesar de la expansión de la cobertura en la educación primaria, la región enfrenta problemas de acceso a la educación secundaria, y, sobre todo, a la educación superior. Es imperativo implementar políticas efectivas de inclusión para reducir la inequidad en el acceso a la educación, y, así, evitar la migración de talentos y el desempleo.

En la región, la educación superior enfrenta, además, el desafío de contribuir a reducir la brecha científica que existe con los países en desarrollo, la cual marca diferencias acentuadas en el acceso a nuevos conocimientos y avances tecnológicos. Mientras América Latina y el Caribe apenas invierte 0.5% del Producto Interno Bruto en investigación y desarrollo, los países desarrollados destinan el 3%, reflejando así mayor compromiso con la generación de conocimiento para producir riqueza.

En el contexto de la globalización, la educación superior desempeña un papel fundamental en la búsqueda del progreso económico y social. Ésta es esencial para avanzar el conocimiento, promover la democracia y buscar soluciones efectivas a los problemas humanos. América Latina y el Caribe, incluyendo a El Salvador, enfrentan el reto de aumentar la participación en este nivel educativo y elevar su calidad. La meta es contar con profesionales, intelectuales y líderes que deseen poner sus talentos al servicio de la sociedad. Los esfuerzos de cooperación y los programas de becas promovidos por instituciones como la OEA, deben fortalecerse y continuar.

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