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Más impuestos y ¿sobre el gasto qué?

Lunes 19 diciembre, 2011


Claudio M. de Rosa
La Prensa Gráfica, El Salvador

El 2012 será difícil, porque estará presionado por un gasto excesivo, que de no contenerse se convertirá en nuevas demandas por más impuestos y mayor endeudamiento.

Ya se aprobó la reforma tributaria. Ahora esperemos el impacto que tendrá en la economía una medida que es reconocida como herramienta para reducir la actividad económica. Lamentablemente, en la carrera por aprobar el aumento tributario y nuevas formas de impuestos, ni se hicieron los debidos estudios de impacto ni se consideró lo más importante: cómo y en cuánto contener el gasto y su repercusión en el déficit fiscal, que está empujando el endeudamiento a niveles peligrosos.
Esta preocupante omisión devela que Hacienda reaccionó en el último minuto para solicitar la reforma tributaria; y que los parlamentarios aprobaron una reforma que no han evaluado a profundidad. No hubo ni una sola intención del Gobierno para adquirir un compromiso serio para contener el gasto corriente (sueldos, salarios, bienes y servicios). Por esto, de seguro que pasadas las elecciones vendrán con la solicitud de más impuestos. Anótelo que así va a suceder, porque se tiene un Gobierno que es un gastador compulsivo.

También se ha obviado otra necesidad clave: elevar la calidad de los bienes y servicios que provee el Gobierno, porque no tiene sentido exigir más impuestos si la calidad de ellos sigue siendo mediocre, si las familias de ingresos medios y medios altos deben pagar más por lo que no reciben.

Si bien en algunos países, como los escandinavos, la tributación puede llegar a superar el 40%-45%, quienes ponen estos ejemplos de profundidad tributaria olvidan señalar que los servicios de salud pública son de alta calidad y no hay atrasos en las consultas o servicios de cirugía ni en la entrega de medicinas. Tampoco hablan de la calidad de la educación, orientada y sustentada por la tecnología, con la aspiración que el graduado domine por completo dos o tres idiomas; ni hablan que son países donde la gente vive, pasea, disfruta un ambiente con mínimos niveles de delincuencia y que hay una pronta justicia.

Pero, tener altos ingresos tributarios tampoco es sinónimo de sostenibilidad de los servicios y beneficios sociales en el tiempo. Cuando el Gobierno gasta más de lo que se debe y se endeuda en alta proporción, el Estado de Bienestar colapsa y se comienzan a recortar beneficios, subsidios y se buscan nuevos impuestos. Esto significa que el gasto excesivo del Gobierno lo terminan pagando todos los habitantes con un deterioro en la calidad de vida.

Por eso, hay que buscar cómo contener el gasto, ajustarse a la realidad y hacer lo que se puede: “no lo que se quiere”. Igual como sucede en toda familia. Esto que parece fácil es difícil porque demanda racionalidad y pragmatismo, algo que choca frontalmente con las aspiraciones político-electorales y, en especial, con el populismo.

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