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México y el Istmo: ¿más de lo mismo?

Martes 10 julio, 2012


Nuevo presidente, nuevo partido, misma política, - puede ser esa coyuntura de cosas, lo que América Central va a ver, tras de la elección la semana pasada de Enrique Peña Nieto, como mandatario mexicano.

Peña Nieto es una figura fresca, es jóven y telegénico.

Ganó el voto por un margen significativo - seis puntos porcentuales más que su rival más cercano - lo que sugiere que su popularidad sea real.

Pero, por otro lado pueda estar vinculado con la vieja estructura de poder, según varios informes, que dicen que él y la gigante emisora Televisa, llegaron a un acuerdo, para darle una cobertura favorable.

Tampoco es precisamente cierto, que su Partido Revolucionario Institucional, representa nuevas ideas, después de doce años fuera del poder.

Muchos tecnócratas, quienes guiaron las políticas económicas de las dos últimas administraciones, ambos del Partido Acción Nacional, eran priístas, por cierto en varias áreas, la ideología de ambos partidos es parecida.

Además, Peña Nieto enfrenta al mismo problema que sus dos predecesores, cuando se trata de seguir adelante con su agenda, ya que el PRI no controla ninguna de las cámaras del Congreso.

Un nuevo enfoque de Peña Nieto en la guerra contra las drogas, podría hacer una diferencia en Centroamérica, donde miles de personas mueren cada año, en la violencia relacionada con el narcotráfico.

Peña Nieto podría llegar a un acomodo con los traficantes, en lugar de continuar con la guerra, según fuentes cercanas a él.

Pero sería difícil encontrar una nueva manera de hacer frente a un viejo problema, en parte porque Washington probablemente haría una presión sobre México para no abandonar la lucha.

Incluso dentro de México, una política más suave contra las drogas podría crear nuevos retos, si el consumo local aumentara.