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Mitos del “subdesarrollo”

Jueves 14 octubre, 2010


Manuel Fernández V
El Nuevo Diario, Nicaragua

La migración es un fenómeno común. En España, hasta hace pocos años, cada verano era noticia la salida de trenes expresos de vendimiadores españoles a los viñedos franceses, cosa que volverá pronto a los titulares. Pero nadie dice que sea un indicador de subdesarrollo o de miseria.

En Nicaragua se conocía la llegada masiva de temporeros salvadoreños, porque Centroamérica es un corredor de migraciones. En Costa Rica siempre ha habido nicas temporeros o permanentes en los cafetales y en las bananeras, hasta convertirse en figuras de la literatura local. Pero también había nicas entre los mandos medios y altos de las bananeras, propietarios de fincas o de empresas. 

En el resto de Centroamérica y más al norte, un corredor natural de migraciones de todas las clases sociales con suertes y miserias, se han formado empresarios y profesionales nicas. Sólo que, ahora, el fenómeno migratorio es potenciado por la “globalización” o magnificado por las “comunicaciones”. Sin embargo, algunos quisieran a los nicas encerrados en las fronteras artificiales, aunque contabilizan con gusto sus remesas en las estadísticas del “desarrollo”.

Las migraciones son una forma de desarrollo de individuos y grupos. Por ejemplo, la “mala vida” tiene una gran movilidad de ciudad a ciudad, intercambiándose las viviendas. La misma movilidad que, por distintos factores económicos, dio origen a la Managua preterremoto; igual que el poblamiento de las actuales zonas cafetaleras y la frontera agrícola oriental. Son los nicas que caminan toda su vida o viajan en buses, de forma individual o grupal para satisfacción de sus necesidades con una economía informal; lo mismo sucede a lo interno de las diferentes comarcas del país, y a escala del Estado. Esto es desarrollo económico.

Este desarrollo no es visible para la Sociología de la “cultura de la pobreza” (Lewis), “informe Moynihano”, “esquina de Tally” (Stack), la “familia matrifocal” (Liebow), y hasta la “Elite del poder” (Mill) que han caído en el fatalismo del pobre o rico; como en la doctrina calvinista de la “predestinación”, o cuando Susanita (de Mafalda) dice que los pobres escogen muebles feos porque tienen mal gusto. Es una mirada de interpretación ideológica, en lugar de analizar las diversas formas del desarrollo, descubrir sus nexos, para exponer en síntesis su proceso.

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