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Negaciones del capitalismo

Jueves 25 noviembre, 2010


Álvaro Rivera Larios
El Faro, El Salvador
 
Aunque algunos intelectuales marxistas bien formados supongan lo contrario, definirse por medio de la negación del capitalismo es menos fácil de lo que parece. Voy a sustentar mi opinión en cuatro ejemplos sacados de la historia, pero sólo me detendré en las negaciones (utilizo adrede el plural) que proceden del pensamiento marxista.
 
En la Francia del siglo XVIII, muchos aristócratas y partidarios del Antiguo Régimen opinaban que el individualismo burgués conduciría a la anarquía política y social. Los monárquicos señores de la tierra defendían que “la sociedad” (feudal, por supuesto) estaba por encima de los intereses y opiniones del individuo. A los aristócratas conservadores se les puede considerar sin ninguna duda como los primeros enemigos del liberalismo. Hasta cierto punto, también con ellos se vio inaugurada la compleja y heterogénea tradición de la resistencia anticapitalista.
 
Una corriente del romanticismo le opuso el sentimiento y la trascendencia al cálculo materialista que convertía a las personas en piezas aisladas de un frío engranaje. Schiller (en sus trabajos sobre estética)  estimó que la moderna división del trabajo y la cultura de la especialización fragmentaban las capacidades del hombre haciéndole perder la perspectiva general y alejándolo del sentido de la unidad (los marxistas “bien formados” cuando se refieren a las influencias de Marx rara vez mencionan la del romanticismo). 
 
Si pegamos un salto y caemos en la tercera década del siglo XX, descubriremos a dos personajes muy opuestos (Stalin y Trotsky) que sin embargo compartían el mismo rechazo. Ellos sirven como ejemplo palmario de que ciertos anticapitalistas no son capaces de vivir juntos en el mismo cuarto. El asesinato de Trotsky ratifica una  verdad incómoda: con harta frecuencia quienes niegan al capital se devoran entre ellos a causa de sus hondas discrepancias sobre la auténtica forma de ser anticapitalistas.
 
A quienes creen que el pensamiento político liberal  camina siempre agarradito de la mano con la búsqueda de la plusvalía, les recuerdo que Hitler tiró a la basura la democracia representativa, el pluralismo ideológico y el individualismo político. Hitler albergaba en su corazoncito genocida el sueño prometeico de unir a empresarios y obreros en torno a un solo partido político, el nazi, y dentro de “una gran comunidad”… de sangre aria.