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No hay moneda en qué persignarse

Lunes 09 agosto, 2010


Ernesto Gutiérrez Font
La Nación, Costa Rica

En otras épocas no muy lejanas los inversionistas, ahorrantes y Bancos Centrales colocaban sus excedentes y reservas en monedas que garantizaban seguridad, apreciación, prudencia, vigilancia y proyección para el futuro.

Los trabajadores y pensionados se sentían muy confortables en que sus fondos estuvieran depositados en dólares, marcos alemanes, yenes, libras esterlinas y francos suizos. Posteriormente, las monedas de los miembros de la comunidad europea se convierten en euros y, salvo en esporádicas crisis, los inversionistas se refugiaban en el oro como moneda que garantizara su valor.

Es a partir de los años 90 y magnificado en la primera década del siglo XXI cuando una serie de fenómenos se dan que empiezan a atentar contra las principales economías mundiales y, por ende, en el valor y la confianza hacia sus monedas.

Las monedas que creíamos y siempre pensamos que serían el refugio ante Gobiernos irresponsables, corruptos, populistas e indisciplinados, son ahora las que están en tela de juicio y no garantizan estabilidad ni a mediano ni a largo plazo.

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