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Nueva Constitución para la nueva República

Jueves 26 enero, 2012


Mireya Lasso
La Estrella, Panamá

Anteriormente he comentado en este espacio sobre las intenciones de actualizar nuestra Constitución. En ambos casos he aludido a un ‘borrador’ de reformas cuyo contenido aún no conocemos porque no ha sido divulgado por la Comisión de Notables que designó el Presidente. Surgen ahora voces que, desde diferentes ámbitos, propugnan por una Asamblea Constituyente que elabore una nueva Constitución para reemplazar íntegramente la Constitución de 1972 y sus reformas. Me declaro totalmente de acuerdo con la idea de que nos demos una Nueva Constitución que, con claridad meridiana, cimente ideales de libertad, desarrollo, solidaridad, justicia, derechos humanos, democracia. Explico mis razones.

Sabido es que hay tres formas de reformar nuestra Constitución, según lo dispone ella misma. La primera es mediante una ley que apruebe una Asamblea y que luego sea ratificada, sin modificación alguna, por la nueva Asamblea que se instale después de las siguientes elecciones. Esa fue la experiencia que tuve cuando tomamos posesión en 2004 y entramos a aprobar, en la primera legislatura, las reformas introducidas gracias a un acuerdo político de los partidos liderados por la Presidenta Moscoso y el Presidente electo Torrijos; entre ambos controlaron la Asamblea. Esas modificaciones me parecieron muy limitadas e intrascendentes, hechas muy a la carrera; por eso voté en contra.

Una segunda forma sería mediante una ley aprobada en dos legislaturas sucesivas de una misma Asamblea, sometida luego a referéndum popular. Esa fue la manera como el gobierno posinvasión trató de introducir la prohibición de un ejército en Panamá; pero resultó que, al presentarse la propuesta del Ejecutivo al Órgano Legislativo, los legisladores de entonces aprovecharon la oportunidad para introducir toda clase de enmiendas adicionales que sólo lograron embrollar el propósito original, dando como resultado que el pueblo rechazara las reformas propuestas en el referéndum subsiguiente. Resultó un ejercicio en vano, pero recordemos que, posteriormente mediante el primer método y un acuerdo Endara-Pérez Balladares, se lograron dos reformas: la prohibición del ejército y el capítulo relativo a la Autoridad del Canal de Panamá.

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