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Oportunidades de mejora

Miércoles 22 febrero, 2012


Roger Martínez Miralda
La Prensa, Honduras

Así como los defectos y miserias de las personas pueden convertirse en oportunidades de mejora y las carencias en posibilidades de superación, la tragedia humana de Comayagua y la material de Comayagüela, recientemente acaecidas, deben ser aprovechadas para dar un gran salto cualitativo, de modo que las vidas humanas que se han perdido no lo hayan sido en vano y que de las llamas que consumieron los mercados se saquen lecciones del pasado y verdaderos proyectos de desarrollo que le den sentido al dolor y al sufrimiento de tanta gente.

Recuerdo que recién pasado el huracán Mitch alguien dijo que Honduras tenía una oportunidad de oro para recomenzar, que con la ayuda que vendría, y que luego llegó, podíamos repensar el país y elevarlo a otro nivel, a otra categoría de desarrollo humano y material. A casi catorce años de esa catástrofe las cosas no han sucedido como pensábamos. Es cierto que la reconstrucción física se realizó con cierta eficiencia pero en el resto de los aspectos no hemos avanzado mucho.

Por respeto a los muertos y a sus familiares, lo menos que puede hacer el actual gobierno y, por lo menos, el que le siga, es llevar a cabo en Honduras una auténtica “revolución carcelaria”. No solo se trata de mejorar las condiciones en las que viven los internos de nuestras prisiones, se trata de hacer de ellas lugares en los que se puede desarrollar un genuino proceso de rectificación personal y reinserción social, se trata no solo de pensar en la función punitiva del sistema carcelario sino en su papel de redención humana, de deseo de superación, de motivar a los hombres y mujeres para que una vez recuperada su libertad física vivan de acuerdo con la dignidad que les es inherente y que las paredes de una prisión pueden haber menoscabado.

Con lo sucedido en los mercados capitalinos, igual. Los ciudadanos, las autoridades, todos los que vivimos en esta ciudad caótica debemos detenernos a reflexionar. No se pueden seguir cometiendo los errores del pasado, no podemos seguir asistiendo a incendios periódicos de mercados, independientemente de sus causas. Los propietarios de negocios y los clientes que a ellos acuden merecen ambientes más higiénicos, más seguros, más agradables.

En distintos ámbitos de la cultura: la historia, la literatura, la religión, el fuego posee un papel purificador, quema la escoria, acaba con lo que contamina, limpia lo manchado. Que en estas situaciones tan lamentables suceda lo mismo. Hay que investigar, encontrar responsables y cargarles la culpa, pero, sobre todo, veamos hacia adelante, que ninguna de estas escenas se ponga de nuevo nunca ante nuestros ojos y que de las cenizas surja una mejor esperanza para nuestro país.

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