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Orígenes de la inflación latinoamericana

Jueves 11 noviembre, 2010


Juan Carlos Hidalgo
Elsalvador.com, El Salvador
 
La inflación nuevamente está causando dolores de cabeza en América Latina. En el 2007, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) aumentó en todas menos dos economías latinoamericanas, alcanzando un promedio regional de 8,43 por ciento casi 2 puntos porcentuales más alto que el año anterior. Gran parte de los gobiernos latinoamericanos cuentan ahora con una buena disciplina fiscal y altos ingresos tributarios. 
 
¿Entonces, de dónde viene esta vez la inflación? En la Década de los Ochenta y principios de los Noventa, la inflación en América Latina era alentada por los severos desequilibrios fiscales de los gobiernos. Cuando el gasto público creció de manera exponencial y los ingresos gubernamentales se estancaron o redujeron, los políticos latinoamericanos recurrieron a los bancos centrales para financiar sus excesos. El resultado fue catastrófico: la hiperinflación devastó economías como las de Argentina, Bolivia, Perú y Nicaragua. Hoy la situación es muy distinta.
 
Los gobiernos latinoamericanos están disfrutando de una rara bonanza fiscal. Gran parte de los países tienen pequeños déficits presupuestarios o incluso superávits. La deuda externa está bajo control, y las reservas están en constante aumento. Sin embargo, la bonanza exportadora, y el flujo de los dólares que ésta propicia --junto con la entrada de inversión extranjera directa y de remesas-- han tenido una desdichada consecuencia, al menos desde la visión mercantilista que prevalece en la región: Toda moneda latinoamericana con la excepción del peso argentino se apreció en relación al dólar en el 2007, en algunos casos por hasta un cuarto. 
 
La apreciación de las monedas ha generado descontento entre los exportadores locales, quienes se quejan de que sus productos se están volviendo menos competitivos en los mercados internacionales. Esto ha provocado que las autoridades monetarias de la región intervengan continuamente en los mercados de divisas para mantener sus tipos de cambio "competitivos" es decir, artificialmente bajos.
 
Los bancos centrales de Argentina, Colombia, Perú, Bolivia, Costa Rica y Guatemala, entre otros, han comprado miles de millones de dólares en un esfuerzo por prevenir que sus monedas nacionales se aprecien más.  Estos bancos centrales han inflado sus economías con dinero extra, lo que está a su vez ejerciendo presión hacia arriba en los precios.