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Ortega debe ceder para ganar

Miércoles 15 febrero, 2012


Uriel Pineda Quinteros
El Nuevo Diario, NIcaragua

En noviembre de este año corresponde realizar elecciones municipales en Nicaragua, sin embargo, la oposición se ha planteado la pertinencia de participar o no en este proceso electoral considerando que el CSE ha cometido fraude en las elecciones municipales de 2008 y las generales de 2011 a favor del régimen orteguista. Este planteamiento no es descabellado, pero lo cierto es que a Ortega le conviene más que a la oposición un proceso electoral auténtico.

La tendencia natural de alguien que detenta el poder es mantenerlo evitando que sus adversarios se impongan. En los sistemas democráticos la competencia por el poder se limita a la premiación de la eficiencia del ejercicio de gobierno versus el discurso de alternancia que llama a castigar la continuidad y crea expectativas de cambio ante situaciones concretas.

En sistemas democráticos poco o nada institucionalizados como el de Nicaragua, las desviaciones se hacen presentes por medio de inhibiciones y exclusiones. Sin embargo, estas le han resultado insuficientes a Ortega, quien se vio obligado a desempolvar la práctica somocista del fraude electoral.

La descarnada obsesión de Ortega por el poder ha herido gravemente la democracia. Por una parte su insistencia en ser candidato presidencial tiene polarizado al país desde hace 30 años, conformando bloques electorales insinceros (voto útil) que brindan su apoyo a quien sea capaz de derrotarlo; en consecuencia, este segmento de la clase política, apostando a esa polarización, no siente la menor presión por institucionalizarse y ser programática, lo que a su vez deriva en la existencia de una competencia política mediocre.

Por otra parte, los fraudes electorales cometidos por Ortega desalientan la competencia política porque deja de visualizarse el proceso electoral como medio para acceder al poder mediante la alternancia, lo cual es muy peligroso porque tal fenómeno tiene el potencial de detonar la violencia política.

Si Ortega insiste en no otorgar garantías para las elecciones municipales de noviembre, sólo consolidará una polarización expectante de la menor oportunidad para que se presenten penosos episodios de violencia política.

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