Martes 15 octubre 2019

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Otra vez caímos en la trampa

Martes 21 febrero, 2012


Francisco Cáceres Barrios
La Hora, Guatemala

En vez que primero se aprobaran las leyes para combatir la corrupción, transparentar los actos gubernamentales y mejorar la calidad del gasto público, pasivamente volvimos a permitir que se aprobara un paquete más de impuestos. En otras palabras, la politiquería otra vez logró su objetivo y a su particular criterio atar tantas manos largas que han venido utilizando los fondos públicos para saciar sus particulares intereses, importándoles un pepino los de la comunidad.

Digan lo que digan, a muchos guatemaltecos no nos han convencido que lo hecho por el nuevo gobierno hasta el momento ha sido lo mejor, ¿cree usted que van a emplear la misma prisa para decretar las medidas adecuadas para obligar a los funcionarios y empleados públicos a manejar honestamente el dinero de los contribuyentes? Lo anterior es la pregunta que flota en el ambiente.

El paquete que importa realmente a más de 14 millones de habitantes del país no es el que genera más dinero o recursos al Estado, sino la forma, manera, modo o mañas con que han estado empleando muchos miles de millones de quetzales a lo largo de nuestra triste historia. El pueblo de Guatemala ha sido tan condescendiente o si se quiere tan baboso, que en nuestras propias narices hasta permitimos que en tiempos de Arzú se derogara la ley en contra del enriquecimiento ilícito de los funcionarios públicos por lo que ahora, sería todavía más ingrato dejar hacer el tan comentado zarpazo a nuestros bolsillos sin chistar siquiera una palabra de rechazo.

De verdad, resulta frustrante la actitud pasiva y complaciente de la mayoría de la población. Seguimos siendo muy buenos para expresar quejas y lamentos de todo, pero demasiado flojos para impedir que dilapiden lo nuestro. ¿Cuántas veces se ha advertido que a través de ilegales fideicomisos se maneja el dinero del pueblo sin que ninguno de sus administradores informen de cómo lo hacen, cuando al menos pudieran contarnos los montos de las remuneraciones de la gente que los maneja y disfruta de sus mieles; cuánto no hemos comentado que gobiernos anteriores entregaron a su sabor y antojo abonos, fertilizantes, alimentos, instrumentos de labranza y hasta dinero contante y sonante y que los procesos de compras y/o adquisiciones de productos y servicios para el Estado han dejado los bolsillos llenos de millones de tanto intermediario, como funcionario y empleado público?

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