Miércoles 16 octubre 2019

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Patio trasero de nadie

Martes 28 septiembre, 2010


Virgilio Levaggi
La Nación, Costa Rica

The Economist plantea que la década que hemos iniciado podría ser aquella en la que América Latina transite firmemente hacia el desarrollo y algunas de sus sociedades se acerquen a él. Lo obtenido desde 2002, hasta ahora, no obstante la crisis financiera, permite avistar un horizonte alentador. Pero no solo de economía vive el hombre'; también de política y desarrollo social.

El progreso común de la Patria Grande solo será posible si se cumplen ciertos requisitos. Hay una agenda de pendientes que debe ser satisfecha si es que se quiere que la segunda década del siglo XXI sea la de América Latina; pero, mejor aún, aquella en la que sus hombres y mujeres, niños y adolescentes, jóvenes y adultos mayores mejoren su calidad de vida.

Si se quiere que América Latina no sea el patio trasero de nadie; entonces, ningún ciudadano latinoamericano puede estar en el patio trasero de su respectivo país. Es decir: no habrá progreso común si es que todos los latinoamericanos no participamos en su construcción y de sus beneficios. Progreso implica inclusión. Lo mejor de lo conseguido por América Latina, hasta ahora, se ha logrado en democracia. Elecciones libres y periódicas no son suficientes. Se hace indispensable consolidar democracias que sean auténticas poliarquías donde la agenda del Gobierno es puesta por los ciudadanos y en la que los gobernantes deben rendir cuentas, a la luz de ella.

En lo que va del año, la economía brasileña ha generado casi 2 millones de puestos de trabajo formales, con seguridad social y protección; mientras que economías del mundo desarrollado están llegando a tasas históricas de desempleo. Brasil ya logró la meta de 2015 en términos de reducción de la pobreza que plantean los Objetivos del Milenio. El trabajo parece seguir siendo la mejor política social. Entre 2002 y 2008, la Patria Grande logró que 60 millones de latinoamericanos dejaran la pobreza y por primera vez en 30 años los índices de desigualdad comenzaron a movilizarse en un sentido positivo.

El trabajo es la actividad por excelencia que consiente la inserción de los individuos en la construcción del progreso común y sanas políticas sociolaborales permiten que los trabajadores participen de los beneficios que generan empresas productivas en economías sanas. Si queremos que nadie se quede en el patio de atrás de nuestras repúblicas es indispensable poner los empleos productivos y el trabajo decente como prioridad en la estrategia para que construyamos, vivamos y nos beneficiemos de la década de América Latina.

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