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Payasos

Viernes 09 julio, 2010


Gloria Leticia Pineda 
Prensa, Honduras 
 
Hoy me quiero referir al circo de payasos de la democracia. El elenco tiene varios actores que se pelearon por atestarle hachas al árbol caído. Han desfilado tristes figuras que desde su púlpito de arrogancia creyeron poder domar el espíritu de este pueblo y su Ley.
 
Hay claros protagonistas en este circo, que buscaron en la causa hondureña, su oportunidad para alcanzar notoriedad. Primero llegó Insulza a levantar el por cuanto de nuestras “infracciones” y pasarnos la esquela. Luego vinieron los monigotes de Nicaragua, Paraguay, Argentina y Ecuador, con el show de acrobacia aérea en un avión de Pdvsa, que terminó con una conferencia de prensa en San Salvador. 
 
Sin duda que el acto estelar del evento le corresponde a don Óscar Arias -perdón si dejo por fuera su título presidencial y su Premio Nobel. El señor pretendió utilizar la tragedia hondureña para recuperar preeminencia política a nivel regional, persiguiendo quién sabe que aviesas intenciones. Recordemos bien que él fue quien primeramente se autopostuló para mediar en esta crisis. Luego con la bendición de Clinton, se convierte de repente en el centro de atracción y San José se convierte en el punto de destino.
 
Si alguna vez este señor tuvo cualidades de negociación las perdió; o tal vez las desgastó cuando subrepticiamente se adueñó de la Presidencia de Costa Rica por segunda vez.
Nunca creí en Arias. Su prepotencia la dejó clara cuando nos condenó a una guerra civil sino aceptábamos sus condiciones, pues como dijo, “allí en Honduras todos andan armados”. Menospreció el profesionalismo de nuestra casta militar. Nos creyó torpes en el arte de la democracia, y pensó que podía mangonear un resultado torciendo nuestras leyes. Nunca entendió que su rol de mediador requería buscar los espacios de conciliación. 
 
Por si acaso hay alguien que todavía confíe en la credibilidad de Arias, pregunto: ¿Cuándo este señor vio que la posición de las partes en conflicto estaban diametralmente opuestas, por qué no agarró el teléfono y le dijo a Clinton: ”Mire Señora Canciller, esta tarea que usted me endosó está bien “yuca”; ya me leí los artículos de la Constitución de Honduras, y en efecto, bajo el artículo 239, este señor que tengo frente a mí ya no es más que un remedo de presidente”.
 
Si Óscar Arias- perdón que dejo por fuera su título presidencial y su Premio Nobel- hubiera tenido la hidalguía de enfrentar los hechos y trabajar dentro del contexto de la ley hondureña, probablemente hoy estaríamos gozando las mieles de la reconciliación.