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Política económica de cabeza

Miércoles 01 septiembre, 2010


Mariano Rayo
La Hora, Guatemala

La política económica fue puesta de cabeza, y las consecuencias negativas podrían ser mayores a las que hoy evidenciamos. Viejas reglas fueron tiradas a la basura. El Premio Nobel de Economía Paul Krugman lo formuló de la manera siguiente: virtud se convierte en carga, prudencia en riesgo, inteligencia en estupidez.

En una economía en problemas, se señala que las recetas hasta ahora vigentes ya no sirven, y con la ligereza más sobrada, son eliminadas. Se asevera que los mercados perdieron su capacidad de reacción. La fórmula mágica dice: ayuda sólo puede venir del Estado por medio de una política fiscal expansiva. Y la ayuda no deber ser poca, sino tiene que ser mucha. El Estado tiene que actuar, no se puede argumentar en contra o criticar. Sólo así, y únicamente así, se puede afrontar la situación.

Hay cosas que no han cambiado y no cambiarán. Una política económica sólo es buena si se focaliza en las causas de los problemas y no en atender los síntomas.

Las causas son la caída de la demanda interna y externa, la insuficiencia financiera producto de la no conclusión de las reformas estructurales y el mercantilismo imperante. La mezcla de las causas hace la situación bastante complicada. Los productos financieros vigentes no sólo no responden a la demanda, sino han llevado a nuestro mercado crediticio a estar desacoplado de la economía real. Ambas situaciones limitan la posibilidad de entregar créditos suficientes y oportunos. Una contracción del crédito impacta negativamente la economía, lo cual deriva en crisis. Y hay que entenderlo, si la tasa interanual de crecimiento del crédito cae, no es otra cosa que contracción. Para detener la crisis económica de manera efectiva, se tiene que ir a la raíz de los problemas.

Y en este punto hay una conclusión: el Ministerio de Finanzas Públicas no sólo realizó un mal diagnóstico, sino que falló en sus previsiones y equivocó su estrategia para enfrentar la crisis. Además, las medidas propuestas para paliar la salida de la crisis han sido insuficientes, y en muchos casos equivocadas.

La suma del mal diagnóstico, las malas previsiones y la estrategia equivocada ha hecho, entre otras cosas que le suceden al país, que las tasas de crecimiento y la oferta de empleo sean paupérrimas.

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