Viernes 18 septiembre 2020

Logo Central America Link

Prácticas presupuestarias en épocas de crisis

Lunes 04 octubre, 2010


Juan Héctor Vidal
La Prensa Gráfica, El Salvador

Dentro de esta rutina, se esconde un elemento esencial y es que el presupuesto, además de ser el mecanismo de gestión financiera del gobierno; es un instrumento para repartir poder. Esto es así, aquí y en todas partes. La diferencia con países avanzados como Estados Unidos es que invariablemente quienes allí aprueban finalmente el presupuesto actúan de cara a la ciudadanía al defender los intereses de sus electores, mientras en nuestro medio, todo se hace bajo la mesa.

El ministro Cáceres acudió a la Asamblea para presentar el proyecto de presupuesto correspondiente a 2011. Como de rutina, le entregó dos frondosos volúmenes al presidente del Primer Órgano del Estado, con un apretón de manos y el cruce de sonrisas que disimulan las presiones, los intereses y hasta las canonjías que se esconden entre las cifras millonarias que se financian con el producto de nuestros impuestos. 

El diputado Parker tuvo un agrio intercambio con el vicepresidente por el presupuesto asignado a la Asamblea. En él caló popular, ambos se tiraron los trapos sucios y no precisamente por abanderar o cuestionar la asignación de recursos para satisfacer grandes necesidades, como las que se perciben en el campo de la educación, la salud, la seguridad pública, la infraestructura, incluyendo dentro de esta los cuantiosos gastos que se tienen que hacer para reparar las famosas cárcavas. 

Tengo la impresión que esto es así en los otros Órganos del Estado y la pérdida de casi un año en la discusión de temas administrativos-financieros en la CSJ parece confirmarlo. Y aunque la denuncia pública de ciertos excesos –como el ofensivo costo ($220 mil mensuales) en que incurría el país por albergar a la Fiscalía General en un suntuoso edificio y el incremento generoso que se querían auto recetar los señores diputados hace unos tres años– pone al desnudo estos abusos.

Ahora está de moda la transparencia, la rendición de cuentas y el acceso a la información pública. Yo siempre he denunciado la opacidad en el manejo de la cosa pública y sobre todo la corrupción, pero a veces pienso que toda iniciativa en este sentido es como arar en el mar. Esto equivale a decir que los salvadoreños seguimos siendo víctimas del abuso y la irresponsabilidad de quienes se sirven con la cuchara grande cuando tienen acceso a los recursos públicos, aun en momentos en que las arcas del Estado bordean la bancarrota.

Leer más…