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Profunda crisis sistémica que precisa de una salida nacional

Miércoles 25 enero, 2012


Juan Jované
Panamá América, Panamá

La sociedad panameña enfrenta hoy una profunda crisis que, bajo diversas manifestaciones, abarca todas y cada una de las instancias de la vida nacional. En la esfera económica, pese a los altos índices de crecimiento, la población debe soportar una profunda y persistente inequidad en la distribución del ingreso, así como una permanente elevación de los precios de la canasta básica, generada, en gran medida, por la especulación comercial, que provoca la caída sistemática de los niveles de vida de los sectores trabajadores y medios de la sociedad. A esto se debe agregar el deterioro de la producción agropecuaria, el abandono de la idea de la seguridad y soberanía alimentaría y la falta de atención de la problemática de los pequeños y medianos productores nacionales, que amenaza con su ruina.

En el plano social, más allá de la creciente diferenciación generada por el modelo económico concentrante y excluyente, el Estado panameño aparece cada vez más incapaz de resolver problemas tan esenciales y básicos como son los de la educación, la salud, el normal abastecimiento de agua potable y de los servicios de saneamiento. Así mismo, la permanente situación de inseguridad ciudadana a la que es sometida la población confirma el carácter de Estado fallido que viene mostrando el Estado panameño.

En la dimensión ambiental la crisis se evidencia en el progresivo proceso de deforestación, así como por el impacto de la creciente actividad de la minería, con sus efectos de contaminación, pérdida de biodiversidad y agotamiento de los recursos renovables. Este impacto ha venido acompañado por un metódico proceso de desposesión de los derechos de los pueblos originarios y las comunidades campesinas.

La crisis política, reflejo de las contradicciones de un modelo basado en la presión sobre la fuerza de trabajo, que, además, constituye al Estado en palanca básica de la acumulación de capital, se refleja en el incremento de la corrupción, la depredación de las tierras nacionales, el endeudamiento indiscriminado del país y el uso de los fondos públicos destinados sostener el auge del capital financiero y constructivo. Esto explica las crecientes contradicciones entre las diversas fracciones de los sectores dominantes y sus partidos políticos, las cuales pugnan enconadamente por el control de la cosa pública como elemento clave para su enriquecimiento. La naturaleza del modelo también explica la propensión hacia la sistemática intromisión y dominio del órgano ejecutivo sobre los otros órganos del Estado con el fin de controlarlos, así como la profundización del carácter autoritario, represivo y antinacional de las acciones gubernamentales.

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