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Propuesta innovadora

Jueves 27 octubre, 2011


Renzo Lautaro Rosal
Prensa Libre, Guatemala

Los guatemaltecos somos dados a darles vueltas a los asuntos complicados. Para unos es una forma de disuadir, de hacerse los locos y desgastar la discusión. Para otros, significa persistir y no bajar la guardia. Al final de cuentas, pasa el tiempo y no pasamos de largos debates que acumulan rencores y profundas diferencias. Ese es el caso del desarrollo rural, ámbito de discusión que ha consumido innumerables horas, pero que al final de cuentas presenta un escenario entre dos tipos de modelos, el empresarial y el de las organizaciones sociales.

Las universidades San Carlos de Guatemala y Rafael Landívar plantearon el pasado martes la “Propuesta para abordar el Desarrollo Rural Integral en Guatemala”, propuesta poco común en un escenario donde la academia transita por su lado y no necesariamente se implica en los temas candentes.

El documento alienta la generación de intersecciones, vistas como puntos de convergencia entre los modelos tradicionales que parecen ser antagónicos, aunque las evidencias indican lo contrario. Ambos tienen en su contenido elementos donde hay compatibilidades, pero también dejan de lado elementos importantes que podrían “enriquecer las coincidencias”.

Algunas de esas posibilidades de articulación son: superar la visión de la competitividad empresarial para promover la competitividad sistémica; entender que la economía campesina requiere de la intervención del Estado, que le permita en una etapa posterior ser excedentaria; aceptar que la inversión privada es importante para generar el desarrollo rural, siempre que cumpla con los requisitos de sostenibilidad ambiental, equidad en la distribución de la riqueza y respeto a la multiculturalidad; se requieren roles diferenciados del Estado, así como la creación y fortalecimiento de la institucionalidad para desarrollar la economía campesina, promover subsidios a los productores excedentarios y facilitar/regular en beneficios de los productores que están en condiciones de competir en el mercado mundial.

Otras de las intersecciones necesarias son: afirmar que el tema agrario no puede estar ausente en una política de desarrollo rural integral, ámbito que no avanzará si no se reconoce y se soluciona la dimensión agraria, lo cual implica transformar la estructura agraria; reconocer que actores del sector empresarial tienen mayor conciencia y madurez sobre el problema de la pobreza y los desafíos que presenta la ruralidad; y finalmente, que es fundamental para la viabilidad de estas articulaciones reconocer y trabajar en pro de fortalecer el Estado en su institucionalidad y fiscalidad —reforma fiscal integral, globalmente progresiva y consensuada—.

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