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Quién salvará al Gobierno... Compre ahora, pague después

Martes 06 julio, 2010


José Alejandro Arévalo 
El Periódico, Guatemala 

Parafraseando a la revista The Economist de la semana pasada al preguntarse si habrá vida después de la deuda, nos recuerda que vivir sobreendeudados es como vivir drogados; poderoso y dañino como el alcohol, que aunque nos provoque un estado transitorio de satisfacción, después no es fácil escapar de sus garras.
 
Mientras en el siglo XIX había cárcel por deudas, el siglo pasado fue de “compre ahora, pague después” y si no paga, se lo refinanciamos. En 1950, el nivel de endeudamiento del sector privado de los Estados Unidos de América rondaba el 50 por ciento del Producto Interno Bruto, mientras al inicio de la reciente crisis financiera era cercano al 300 por ciento.
 
Ni uno en lo personal, ni la familia, ni las empresas, ni los gobiernos pueden gastar permanente más de lo que producen o reciben. La juerga consumista al final tiene que pagarse. Esta última crisis, la más severa desde la gran depresión de los años treinta del siglo pasado, se originó en la demasía y generalizado endeudamiento propiciado por gasto público excesivo, políticas monetarias expansionistas, laxitud supervisora y regulatoria gubernamental, consumismo sin límites, exacerbada búsqueda cortoplacista de rentas y financiamientos irracionales.
 
Con economías cuyo crecimiento se sustentaba en sobreendeudamiento y globos de consumo, al llegar el momento de pagar las cuentas los deudores no pudieran cumplir con sus obligaciones, aunque la tasa de interés fuera casi cero. 
 
Ni la devolución de impuestos a los consumidores ni los estímulos a la industria fue suficiente. La crisis de endeudamiento se convirtió en desconfianza generalizada, que apenas ahora empieza revertirse, dubitativa y lentamente, aunque el crédito bancario sigue por los suelos.