Martes 16 julio 2019

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Razones para votar el 6 de noviembre

Miércoles 02 noviembre, 2011


Carlos Tünnermann Bernheim
El Nuevo Diario, Nicaragua

Personas cuyo criterio me merece respeto, opinan que no vale la pena votar en las elecciones del próximo domingo, dadas las irregularidades de que está plagado el presente proceso electoral. Otras recomiendan anular el voto, como una manera de protestar y expresar el rechazo a las múltiples anomalías del proceso. Sin embargo, en la presente coyuntura, desafortunadamente, ambas posiciones son equivocadas y en nada contribuyen a los esfuerzos que amplios sectores ciudadanos estamos haciendo para hacer del voto la mejor arma cívica contra el intento de imponernos una nueva dictadura familiar.

Sectores políticos y de la sociedad civil han coincidido en denunciar los vicios e ilegalidades del actual proceso, que son de todos bien conocidos. En primer lugar, la denuncia sobre el carácter inconstitucional e ilegítimo de la candidatura presidencial de Daniel Ortega ha sido constante, e incluso presentada ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH. La sentencia de la Corte Suprema de Justicia, que le dio luz verde a la voluntad reeleccionista de Ortega, y que el CSE rápidamente tuvo como válida para inscribirlo como candidato, ha sido rechazada por los mejores juristas del país y, justamente, calificada como una verdadera aberración jurídica.

El Consejo Supremo Electoral que está conduciendo el proceso está integrado, en su totalidad, por magistrados de facto, cuyos períodos constitucionales el Presidente de la República no podía prorrogar con un simple decreto ejecutivo, por no estar constitucionalmente facultado para ello. Además, este mismo Consejo ha cometido serias irregularidades en varios aspectos claves del proceso electoral, como son: una cedulación tardía y sesgada; demora en la entrega de los documentos supletorios; falta de publicidad del proceso de verificación ciudadana; conformación arbitraria de los Consejos Departamentales y Municipales; irrespeto a los plazos establecidos en su propio Calendario Electoral en los concerniente a la integración de las Juntas Receptoras de Votos y a la acreditación de los fiscales de los partidos; sustitución de la observación electoral por el “acompañamiento”; negativa para acreditar a los organismos nacionales de observación electoral más calificados; nombramiento, sin base legal, de los “Coordinadores de Centros de Votación”; retraso en la publicación de la guía “Paso a paso”, etc…

En estas condiciones, ¿cuáles son las razones para ir a votar el 6 de noviembre, si sobre este proceso existen tantos nubarrones? En primer lugar, porque el ejercicio del sufragio es un derecho y un deber cívico ciudadano. Pero hay muchas y más poderosas razones. Según nuestra Constitución, cada cinco años, el país necesita elegir a sus autoridades nacionales (presidente, vicepresidente y diputados nacionales, departamentales y para el Parlacén). En consecuencia, la debacle institucional en que ya nos encontramos, por el control que el presidente Ortega ejerce sobre todos los poderes e instituciones del Estado, se volvería un caos mayor si no hay elecciones nacionales. Por lo tanto, aun en las precarias condiciones ya señaladas, los partidos políticos hicieron bien en aceptar competir en el proceso electoral, conscientes de sus ilegalidades y bajo protesta, tal como públicamente lo manifestaron algunos candidatos al momento de inscribir sus candidaturas.

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