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Realidades y mitos de la producción de alimentos

Lunes 03 enero, 2011


Eduardo A. Esquivel R.
La Prensa, Panamá

Ante todo, reconocer el hecho indiscutible de que desde hace años los alimentos incrementan sistemáticamente su precio en el mercado minorista y que, como reconocen los propios funcionarios, el sector agropecuario está en crisis. Los gobiernos tienen la culpa de esto, porque en Panamá la política económica estatal es apoyar al sector servicios (turismo, banca, construcción, comercio, etc.) y dejar en un tercer o cuarto término al sector agropecuario, que solo aporta cerca del 15% del PIB del país. 

Se tiene la idea de que es más “fácil” importar los alimentos que producirlos. Es por esto que el o los gobiernos sí tienen parte de la culpa por el alto precio de los alimentos. Sin dudas, es una concepción ecléctica e idealista que los agricultores dejen de usar fertilizantes químicos, insecticidas, fungicidas, herbicidas, etc. Para producir alimentos sanos y baratos, porque no gastarían en estos insumos. 

Pero la realidad es que las experiencias en agricultura orgánica demuestran que no es rentable, ni siquiera en los países desarrollados en los que se aprecian estos productos, y su valor es el doble de los no orgánicos. Es verdad que la agricultura orgánica es más sana, pero es falso que sea más barata. Un cultivo cualquiera, por ejemplo el maíz, sin fertilizantes químicos y sin agroquímicos con suerte produce un 20% de lo normal. O sea que su costo es cinco veces mayor que el producido con agroquímicos. 

El Gobierno sí tiene la culpa, o al menos, la responsabilidad del incremento de la canasta básica, porque éste orienta y controla las políticas agrícolas y comerciales: Pero los intermediarios y los comerciantes son los que se hacen millonarios, importando alimentos o comprando barato al productor y vendiendo con un 200% o 300% de margen de ganancia en los supermercados. Solo controlando esto se abarataría la canasta básica en más del 30%. Al final el problema no será que los alimentos estén caros, sino que no habrá qué comprar.

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