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Reflexiones... Aumento de inversiones

Martes 04 octubre, 2011


Rafael Castellanos
La Prensa Gráfica, El Salvador

La situación del país es complicada, la economía marcha lenta, hay muy poca inversión nueva, el gobierno tiene problemas de liquidez, lo fiscal está sobrecalentado. La violencia diaria, los asesinatos y las extorsiones están fuera de control, la competitividad del país sigue cayendo dramáticamente y esto no augura una recuperación económica fácil. 

Sobre la violencia no hay señales de que los encargados de combatirla estén logrando avances, ningún plan articulado que prometa funcionar, nada que dé esperanzas, solamente declaraciones sin fundamento de que las cosas mejoran, discusiones patéticas sobre si el número de homicidios es correcto, argumentaciones irrelevantes. 

Aunque la economía enfrenta una crisis externa, puede recuperar paso, si se comprende qué hacer, si pasamos a lo que declara el presidente, dar confianza a los inversionistas, eliminar la desconfianza de que caeremos en el absolutismo del socialismo del siglo XXI, que cada vez se ve más lejos, quizá el principal mérito de Funes. 

Es importante inyectar confianza a inversionistas internos y externos dirigiendo al gabinete que tiene que ver con permisos, a adoptar una actitud pro inversión, no hacer las cosas difíciles, no ser un obstáculo contra lo que el inversionista tiene que luchar, en lugar de actuar como socio en el objetivo de desarrollar el país, agilizando trámites dentro de la ley, haciendo las cosas bien, sin que tengan que ver con favores políticos, mucho menos con corrupción tan comunes en América Latina y el mundo. 

No se trata de hacer favores indebidos, basta con que los funcionarios sean capaces, proactivos, cumplan la ley y ayuden con una actitud abierta, a que las cosas sucedan, que no traten a los inversionistas como siempre sospechosos, o adversarios vistos con antagonismo y recelo, que sepan reconocer lo bueno y apoyarlo. 

Los inversionistas debemos hacer las cosas bien, de acuerdo con la ley, sin esperar favores pero sí voluntad para expeditar los trámites que corresponden. Comprender por convicción propia que debemos seguir las reglas, ser transparentes y eficientes en la gestión de trámites, no depender de “conocer” a alguien que puede ayudarnos.

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