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Reflexiones sobre la educación que necesitamos

Martes 08 noviembre, 2011


Rafael Castellanos
La Prensa Gráfica, El Salvador

Lo que debemos responder antes de elaboraciones complicadas es para qué queremos educar a nuestros jóvenes, con qué fin, entonces el desarrollo de lo deseable y necesario se desenvuelve más fácilmente. Si la respuesta es la lógica, lo que se ha dado en los países que progresan, prepararlos para ser capaces de ganarse mejor la vida compitiendo con cualquier ciudadano del mundo, estamos bien. ¿Alguien puede estar en desacuerdo? Se le deben añadir otras dimensiones, ética, civismo, cultura, etcétera, pero el objetivo primario debe ser claro.

En cualquier actividad es importante hacer comparaciones, conocer lo que hacen otros, encontrar cuáles son las mejores prácticas y evaluar si estamos cerca, lejos, si podemos adoptarlas, algunas o las que por las condiciones del país pueden o podrían hacerse realidad. 

Bill Gates mencionó que para que América Latina mejorara su desarrollo es indispensable mejorar la calidad de la educación secundaria y universitaria. Quizá sea necesario privilegiar a algunas que puedan ser realmente buenas de nivel internacional e inyectarle recursos, pues no sirve tener muchas universidades regulares en varias carreras, algunas irrelevantes. 

Algo de la mayor trascendencia es la cantidad de horas al año que estudian los jóvenes. En Japón el año escolar tiene 243 días; en otros países líderes en educación, arriba de 200. En Latinoamérica se llega a 155 días teóricos y cuando se le suman feriados, puentes y huelgas magisteriales, se pueden contar 133 días. ¿Tiene eso gran importancia? Está claro que en los concursos internacionales sacan mejores notas los estudiantes de países que tienen más días en su calendario escolar. 

Igualmente importante es el número de horas diarias dedicadas a estudiar. En China estudian 12 y hasta 14 horas al día, su horario regular es de 7:30 a 3:30, más clases tutoriales en la escuela y luego clases en escuelas de tutoría privada hasta las 10 de la noche. Los resultados son obvios. 

En nuestros países se ha aumentado la cobertura, lo que es muy bueno, pero no construyendo más escuelas, sino acomodando más en la misma escuela, turnos de mañana y de tarde, disminuyendo consecuentemente la calidad, en vez de invertir en tener más escuelas y maestros. 

En primer grado, los niños de familias de escasos recursos rinden igual que los de familias acaudaladas. La brecha se va dando en los siguientes grados porque los niños de familias con más recursos toman clases adicionales en diferentes instituciones, tutores privados y más. La brecha no es por la diferencia económica, se da por el número de horas que estudian.

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