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Reformas: del olvido a la necesidad

Lunes 17 enero, 2011


Hugo Maul
El Periódico, Guatemala

En los años ochenta la moda fueron los planes de estabilización: “sincerar” los precios, especialmente el tipo de cambio y la tasa de interés; combatir las altas tasas de inflación; reducir los abultados déficits fiscales, etcétera. En los años noventa la moda fueron las reformas estructurales: mejora en la productividad y la eficiencia; apertura de mercados, promoción de exportaciones; desregulación, desmonopolización y privatización; desarrollo de infraestructura; etcétera. 

En la primera década del siglo XXI la moda fueron las reformas institucionales: transparencia y combate a la corrupción; reforma del Estado; descentralización y desconcentración; pactos fiscales; competitividad; negociación de tratados de libre comercio; combate a la pobreza; etcétera. El problema no han sido las modas en sí mismas sino la tendencia a dejar a medias las reformas que traen consigo y olvidar las razones fundamentales que las hicieron necesarias. 

En el caso de los años ochenta, pareciera que 3 décadas después se hubieran olvidado las causas fundamentales que hicieron necesarios los planes de estabilización: excesivo gasto público, crecientes déficits fiscales y crecimiento acelerado de la deuda pública. En el caso de las reformas de los años noventa, por ejemplo, pareciera que nunca se comprendió el papel crucial que juega la productividad y la eficiencia en el desarrollo económico. 

Durante los últimos 20 años el país, como un todo, no ha experimentado una mejora considerable en este sentido. Incluso, si se es riguroso en la cuenta, la productividad y eficiencia de la economía han retrocedido. Algo similar sucede con las reformas de esta primera década: retrocesos en materia del combate a la corrupción y la rendición de cuentas; deterioro institucional generalizado; inefectividad en la acción gubernamental. 

Es así como el país incursiona en la segunda década de este siglo: reformas a medias; lecciones no aprendidas; instituciones débiles; ausencia de objetivos compartidos de largo plazo; carencia de un modelo de desarrollo; oportunismo político. Aun así habrá que hacer frente a complicadas reformas a los sistemas de seguridad y justicia; a una reforma política; a la negociación de un nuevo Pacto Fiscal; a continuar y perfeccionar la lucha contra la pobreza; a reestructurar el servicio civil, etcétera. Además, por supuesto, de terminar todo lo que se ha quedado a medias. 

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