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Renovadores desplazan a la clase política tradicional y rompen la polarización

Lunes 07 noviembre, 2011


Paolo Lüers
El Salvador.com, El Salvador

A Hugo Chávez se le complican las cosas. No estoy hablando de su salud, aunque también está complicada.

Me refiero al hecho que en las elecciones presidenciales del 2012 se va a enfrentar a un candidato joven, carismático, propositivo y renovador, y no (como hubiera deseado), a un político de la vieja escuela del sistema político pre-Chávez que los venezolanos llaman 'Cuarta República'.

Al arrancar la campaña de los precandidatos opositores para las primarias en febrero 2012 (para definir el candidato unitario que se enfrentará en octubre 2012 a Hugo Chávez), ya está claro que la carrera es entre tres exponentes de la nueva generación: o es Henrique Capriles, el gobernador de Miranda, de 40 años; o es Leopoldo López, el ex-alcalde de Chacao, de 39 años; o es Pablo Pérez, el gobernador de Zulia, de 42 años.

Gane quien gane las primarias de estos tres, será un candidato progresista, de corte socialdemócrata, sin vínculos ideológicos con el desprestigiado sistema partidario de los años 80 y 90, cuya crisis y corrupción abrió el camino para el teniente coronel golpista Hugo Chávez. Los tres tienen record de gobierno eficiente e incluyente. Y la peor noticia para Chávez y su Partido Socialista Unido de Venezuela: gane quien gane de los tres las primarias, siempre Chávez tendrá que enfrentarse a los tres en las elecciones de octubre. Porque sea quien sea el candidato presidencial, los tres harán equipo para la campaña contra Chávez y para el gobierno.

Los partidos más conservadores e identificados con la Cuarta República (AD, COPEI, Alianza Bravo Pueblo y Proyecto Venezuela), no han logrado consolidar a ningún candidato. Saben que no hay mayoría posible para políticos que buscan restaurar la Venezuela de antes de la revolución bolivariana de Chávez. Los dos partidos grandes de este bloque son AD y COPEI, que durante décadas se han turnado en el gobierno de Venezuela. Ambos, al igual que Alianza Bravo Pueblo del alcalde de Caracas Antonio Ledezma, han decidido endosar a Pablo Pérez, a quien consideran el precandidato que menos choca con las tradiciones de la vieja partidocracia que ellos representan.

Mientras Pablo Pérez apuesta a una estrategia de acuerdos entre cúpulas partidarias para construir una mayoría, los otros dos candidatos confían en su capacidad de generar una mayoría absolutamente diferente que rompe las tradicionales fronteras ideológicas en Venezuela: Henrique Capriles y Leopoldo López apelan a las bases desilusionadas de ambos lados de la polarización ideológica en Venezuela, y mantienen posiciones muy críticas no sólo al socialismo del siglo 21 de Chávez sino igualmente a la vieja clase política que gobernó antes.

Capriles, quien como diputado era el más joven y más militante anti-chavista, como alcalde y luego gobernador gradualmente se ha convertido en socialdemócrata. Hoy se ha ganado el apoyo de los partidos de izquierda, que en los últimos años abandonaron el campo de Chávez y se unieron a la oposición. Su apoyo más importante es Henri Falcón, el popular gobernador del estado de Lara, quien en el 2010 rompió con Chávez. Falcón tiene mucha influencia entre los chavistas disidentes. Los tres precandidatos saben que sólo pueden vencer a Chávez si logran atraer una buena parte de las históricas bases chavistas, pero Capriles es quién de manera más consecuente ha convertido esto en estrategia y práctica política. Por esto Capriles despunta en las encuestas, no solo de preferencia sino sobre todo como el hombre que puede vencer a la maquinaria de Chávez

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