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Subempleo, improductividad y violencia

Viernes 12 noviembre, 2010


Segisfredo Infante
La Tribuna, Honduras
 
Para algunos “grandes” politólogos, de por aquí o de por allá, que la medida de frijoles se cotice en cien, o en ciento veinte lempiras, es absolutamente irrelevante. Ellos tienen alimentos asegurados, fabulosos ingresos y unos medios de transporte que le darían envidia al egipcio Tutankamón, al “soviético” Leónidas Brezhnev o al mismo Sha de Irán, si estos tres personajes, amantes del lujo extremo, tuvieran ocasión de resucitar. 
 
Tampoco les importa mucho, a ciertos politólogos de nuestros días, que un millón y medio de hondureños en edad de trabajar se encuentren desempleados o en situación de subempleo, dentro de una ultrajada economía informal. Para algunos de esos politólogos ideologizados, o revanchistas históricos irredimibles (hay valiosas excepciones por supuesto) la situación se pone demasiado buena porque con tanta pobreza, hambruna y violencia inaudita, “se exacerban las contradicciones de clase”, las cuales facilitan las insurrecciones civiles o una posible aproximación “pacífica” a la toma del poder definitivo, por la vía hipotéticamente parlamentaria. 
 
Este es el análisis que, con una sesgada perspectiva, continúa siendo válido desde los tiempos de la revolución bolchevique, aunque este hecho deseen esconderlo con lenguajes electoreros “del siglo veintiuno”, para perpetuarse indefinidamente en las estructuras del poder, sin jamás resolver los problemas esenciales de los pueblos que militan en el famoso “club de la miseria”. 
 
A los supuestos representantes de la democracia occidental que viven con absoluta comodidad numismática (con las nobles excepciones del caso), también les importa un pepino que el pueblo hondureño continúe debatiéndose en la indigencia. Con visiones de corto alcance les resulta imposible imaginar un escenario en que por andar jugando con fuego político se les escape de las manos el control del país, dejando que Honduras se convierta, como diría Noam Chomski, en un posible “Estado fallido”. Claro, ellos tienen suficientes dólares en bancos nacionales y extranjeros para irse a Nueva Orleáns o a Miami (otros se irían a Moscú). 
 
En cuanto a la suerte de los verdaderos demócrata-republicanos (o socialdemócratas como en el caso mío) el destino sería, para utilizar palabras de Rafael Heliodoro Valle, el de una lacerante “ingrimidad”. O de absoluto desamparo. La suerte de los pobres consistiría en continuar transitando los senderos laberínticos del desempleo, la improductividad, el hambre y la incertidumbre total. Porque los pobres se encuentran tan fregados|que ni siquiera tienen tiempo para meditar en la pobreza extrema, en la desidia de algunos cooperantes internacionales y mucho menos en la corrupción de los corruptos.