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Todo apunta a mayor disparada de precios

Lunes 20 febrero, 2012


Juan De Dios Rojas
La Hora, Honduras

Diversos criterios se conjuntan hoy en día en alusión a la decisión del nuevo gobierno que trata de consensuar la reforma fiscal o pacto social. Tanto internos como externos flotan en el ambiente en sentido favorable y adverso. Tienen protagonismo manifiesto alrededor del tema calificado de candente por unos y otros a la vez, en medio de grandes expectativas.

Reacciones inmediatas propugnan, visto está, por el logro de dicha coyuntura, misma existente pero lejana de aprobación por sucesivas administraciones. Por consiguiente, ahora vuelve al escenario precedida tal medida gubernamental de sumo interés e intencionalidad con ahínco, pulso firme y optimismo, en virtud que también encontró las arcas del todo vacías.

Es obvio, nadie emprende obras atinentes a su plan respectivo, cuando existe de antemano; frecuente resulta la carencia del mismo, piedra angular administrativa fijada como una especie de agenda nacional. Sin fondos nada es posible llevar a feliz término, pese a exigencias y reclamos del electorado y población en general, a veces desbordados por nerviosismo recalcitrante.

Cuando el presente artículo sea publicado, tengo la seguridad que esa reforma aludida tuvo éxito en el seno del Organismo Legislativo. No por obra de magia dentro del trajín cotidiano repleto de sorpresas agradables y desagradables. Es de suponer, meras conjeturas, se hizo una concreción a favor del mecanismo orientado a allanar el camino tortuoso a emprender en volandas.

De por medio estuvieron acercamientos de bancadas y jefes correspondientes; reuniones también con grupos que representan opiniones de trascendencia. Por ejemplo: Cámaras conformantes del poder económico; directores de medios de comunicación social, Conferencia Episcopal de Guatemala, etcétera. Nada de rajatablas de última hora, motivo de desavenencia después.

Debido a las implicaciones que significa su cobertura nacional, creemos hubo intercambios ineludibles en tal sentido. Sin embargo, eso no impide el hecho que a posteriori vengan señalamientos, a veces confusos, válidos y merecedores asimismo de ajustes, enmiendas al momento que sea el Congreso el ejecutor final. Que exista oposición no será nada extraño.

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