Miércoles 16 octubre 2019

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Vampirismo

Jueves 30 septiembre, 2010


Cornelio Hopmann
El Nuevo Diario, Nicaragua

Eso me parece es el nombre más adecuado para el modelo económico actual de Nicaragua: un sector primario –agricultura tradicional, minería- representando casi el 70% de las exportaciones, más alimentando con arroz y frijol a la ciudad, donde un sector terciario -comercio, servicios financieros, administrativos y personales- disfruta el casi 70% de las importaciones, sin aportar más que una gotita en servicios y bienes transables respectivamente exportables, ambos porcentajes según cifras oficiales.

Es el mismo modelo colonial solo vuelto a lo interno, que al final llevó no solamente a las colonias, sino también a España misma a la ruina: mientras España pagó sus importaciones con las exportaciones de las colonias, Nicaragua urbana paga con lo que se produce en Nicaragua rural. Nicaragua ha podido sostener ese modelo solamente por su abundancia en recursos naturales, esa expansión de la colonia está llegando a su fin, sino incluso hasta en nuestros días, dado que la frontera agrícola será la Costa del Mar Caribe, el Río Coco y el Río San Juan.

Aunque actualmente la migración rural a las ciudades y la emigración sirven aún de válvulas de escape, no hay certeza, que -una vez convertido hasta el último bosque en pasto, aunque solo temporal para el ganado- esas válvulas sean suficientes para absorber la presión que ahora tiene el empuje a la frontera agrícola que todavía funciona como alternativa.

Al panorama interno sombrío hay que sumar un panorama externo nada adelantador: Nicaragua exporta commodities, un término inglés para caracterizar productos estandarizados a precios estandarizados. En esa clase de productos, el lado de la demanda define los volúmenes y los precios casi en forma absoluta. Solo aquellos - como el cartel OPEC - Transnacionales del Petróleo-, quienes representan un porcentaje importante en el volumen, tienen limitada capacidad de incidencia, mientras Nicaragua, cuya participación no llega ni a milésimas, tiene que aceptar volúmenes y precios tal cual como se lo presentan.

Hay entonces dos tareas a enfrentar:  transformar Nicaragua urbana, a que deje de ser un vampiro-parásito que se nutre del campo, a algo que produzca bienes y servicios transables respectivamente exportables equivalente al menos a lo que disfrute en importaciones, y  transformar Nicaragua rural a que deje de producir commodities sin origen para producir productos de marca para mercados nichos. Costa Rica dejó sentando que sí se puede transformar la economía de un país en apenas 2 décadas, siendo un país pequeño en la misma zona geográfica y compartiendo con Nicaragua 300 años de historia colonial. 

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